martes, 21 de junio de 2016

"Interferencias"

Muestra del Museo Nacional de Bellas Artes

Esta exposición que propone el Museo Nacional de Bellas Artes, está compuesta por un conjunto de artistas contemporáneos argentinos. El objetivo de esta exposición es “mezclar” las diversas obras de arte contemporáneo con las ya pertenecientes al museo. Este conjunto de de obras fueron realizadas por artistas de distintas generaciones de los años 90 y la primera década de 2000. El nombre de la muestra se relaciona directamente con el “choque” visual, con la “interferencia” que se genera entre el relato lineal y cronológico de la colección permanente del museo.
Interferencias se presenta para celebrar los 25 años de la Feria Internacional de arte arteBA e incluye obras de León Ferrari, Jorge Gamarra, Daniel García, Teresa Pereda, Santiago Porter, Juan Carlos Romero y Clorindo Testa, junto con piezas incorporadas recientemente a la colección de Pablo Siquier y Cristina Piffer, donación de Fundación arteBA; de Feliciando Centurión donación de su familia, de Mónica Millán, cedida por la artista y del colectivo Mondongo en préstamo para la ocasión.
La propuesta de la muestra busca desestructurar algunas miradas sobre el arte. En esta se puede observar cómo han cambiado a lo largo de los años las diversas expresiones artísticas sin perder valor o significado. Se puede observar claramente las diferencias entre arte tradicional y contemporáneo pero de todos modos esta convivencia que se genera en esta oportunidad sorprende pero sin llegar a parecer o resultar “inadecuada”. Se trata de una invitación a otros recorridos poniendo estas supuestas contradicciones a la vista de los espectadores demostrando que una convivencia es posible. El museo se transforma en el interlocutor entre ambas expresiones, logrando también una observación más profunda sobre su propia colección, tomando distancia de la “clásica” mirada sobre el arte.
Quizás la obra que más me impactó fue la de Mónica Millán, no solo por su extensión sino también por los materiales elegidos por la artista, por el clima que genera en el salón; la obra consiste de una plataforma donde se pueden observar flores de diversos colores, tamaños tejidas con diferentes lanas, escuchándose de fondo algunos de los sonidos de la naturaleza. Al entrar al salón la obra llama rápidamente la atención, en primer lugar porque irrumpe con el “orden establecido” del museo, encontrándose en el medio del salón, cuando se acostumbra a que todo lo expuesto se encuentre sobre o contra las paredes, y también porque la composición de la misma, materiales, sonidos, la estética en su totalidad difiere muchísimo de lo que se espera en un lugar así. De todos modos lo llamativo en mi opinión, es que a pesar de este fuerte contraste no deja de alguna manera de contribuir a la cualidad y calidad artística que se percibe por todo el museo.

 

La propuesta de la muestra busca desestructurar algunas miradas sobre el arte. En esta se puede observar cómo han cambiado a lo largo de los años las diversas expresiones artísticas sin perder valor o significado. Se puede observar claramente las diferencias entre arte tradicional y contemporáneo pero de todos modos esta convivencia que se genera en esta oportunidad sorprende pero sin llegar a parecer o resultar “inadecuada”. Se trata de una invitación a otros recorridos poniendo estas supuestas contradicciones a la vista de los espectadores demostrando que una convivencia es posible. El museo se transforma en el interlocutor entre ambas expresiones, logrando también una observación más profunda sobre su propia colección, tomando distancia de la “clásica” mirada sobre el arte.

Quizás la obra que más me impactó fue la de Mónica Millán, no solo por su extensión sino también por los materiales elegidos por la artista, por el clima que genera en el salón; la obra consiste de una plataforma donde se pueden observar flores de diversos colores, tamaños tejidas con diferentes lanas, escuchándose de fondo algunos de los sonidos de la naturaleza. Al entrar al salón la obra llama rápidamente la atención, en primer lugar porque irrumpe con el “orden establecido” del museo, encontrándose en el medio del salón, cuando se acostumbra a que todo lo expuesto se encuentre sobre o contra las paredes, y también porque la composición de la misma, materiales, sonidos, la estética en su totalidad difiere muchísimo de lo que se espera en un lugar así. De todos modos lo llamativo en mi opinión, es que a pesar de este fuerte contraste no deja de alguna manera de contribuir a la cualidad y calidad artística que se percibe por todo el museo.


En mi opinión esta muestra verdaderamente representa una forma de intervención espacial, ya que desde una perspectiva más conceptual invita a sus espectadores a replantarse esta posible convivencia entre arte tradicional y contemporáneo. Convivencia que actualmente se traduce en una relación de poderes, una competencia entre ambas partes para elegir a un solo ganador, a una expresión por sobre la otra. En esta oportunidad se abre un espacio para una relación armónica. Una relación donde no solo convive el arte y la historia del arte, sino la propia historia del hombre.
Pensando en cómo relacionar esto a una propuesta para los niños tomaría lo planteado anteriormente. Lo propondría cómo una oportunidad para que los niños puedan encontrar las diferencias y similitudes entres ambas expresiones artísticas, posiblemente centrándome específicamente  en algunas obras previamente elegidas; para junto con ellos encontrar este “punto de encuentro” este diálogo entre ambas. 


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