miércoles, 25 de mayo de 2016

“El cuerpo del niño y del maestro en la escuela infantil”

Este panel de la OMEP estaba compuesto por Ana María Porstein, Patricia Goicochea, Ricardo Crisorio y Erika Chokler.
La primera en presentar fue Ana María Porstein quien denominó su ponencia “El juego corporal de cambio de posiciones en los niños de 0 a 2 años. De la espontaneidad a la agenda de la sala. Posibilidades y prejuicios”.
Porstein comienza hablando sobre las posturas de los bebés y qué sienten según la posición en la que se encuentran, es decir que sensaciones les generan, placer, dolor.
A partir de esto hace foco en el rol del docente en el Jardín Maternal como habilitador, brindándoles a los niños posibilidades de movimiento y exploración, a través de las diversas posiciones que pueden generar, sin limitar su accionar. Nombra como mejor posición, según su criterio la de panza arriba, siendo esta la que menor incomodidad produce en los bebés, explicando como la incomodidad genera tensión la cual deriva rápidamente en displacer.
Acá va la foto!
En algunas de las diapositivas que mostraban se podían observar fotos de bebés en distintos dispositivos creados para el confort y la autonomía, esto ella lo cuestiona fuertemente, preguntándose si realmente permiten el movimiento y si en verdad no coartan la libertad corporal de los niños. Cuestiona a su vez el tiempo que en la actualidad, tanto en sus casas, como en las diversas instituciones a las que asisten, se encuentran los bebés depositados en dichos dispositivos. Luego de ver estás fotografías afirma que si no hay exploración no hay descubrimiento, si no hay descubrimiento no hay reiteración, y si no hay reiteración no hay conocimiento.  Los niños deben estar cómodos para poder explorar, de esta manera comienzan a elaborar la seguridad sobre su propio cuerpo. Un niño incómodo no puede sentir su cuerpo consecuentemente no puede usarlo.
Según Porstein deben poder construir autónomamente, espontáneamente jugando con su cuerpo y así convertirse en niños exploradores.

La segunda ponencia estuvo a cargo de Patricia Goicochea quien presentó “Moverse con otros en la ludoteca escolar. Los universos lúdicos en la escuela”.
Comienza contando un poco sobre la ludoteca que ella coordina en una escuela pública, y como el juego es en verdad “la punta de algo más”
Hace referencia a la acción lúdica a través de objetos que pueden ser transformados al jugar, objetos que se convierten en juguetes y permiten a los chicos transformarse en jugadores logrando distintos modos de interactuar.
Habla de la ludoteca como un espacio de invención donde se generan distintos modos de mirar e interactuar. Luego comienza a enfocarse en el juego y como se crean “mundos externos e internos” durante su desarrollo, y como en un principio para el ojo ajeno simplemente se puede observar caos, para a continuación volver a una restauración del orden. Ella explica esta situación como algo que suele suceder en este espacio que coordina, un espacio que no solo llama a la acción sino que también refugia y ampara. Los jugadores según Goicochea no solo participan jugando, además conocen y se dan a conocer en este universo de significados. Universo en el cual el juego es intangible, no se termina de descubrir. Es efímero, tiene un comienzo y un final, es un “mundo breve”, ficticio pero verdadero, teniendo la posibilidad de volver y empezar nuevamente para resignificar los objetos.
Termina su ponencia afirmando que jugar es esforzarse, es llegar a acuerdos, sacar, es un “trabajo” placentero. Jugar significa una autogestión, una regulación.
“Creer y crear, sino no creo no juego”.

La tercer ponencia fue la de Ricardo Crisorio “El cuerpo de las prácticas corporales”. Crisorio hace hincapié en el cuerpo construido a partir de un conjunto de prácticas. Explica que no nacemos con un cuerpo, sino que este se constituye porque hablamos, por la facultad del lenguaje que produce prácticas y en estas se constituye el cuerpo y el sujeto. Habla del mundo que existe antes del cuerpo, un mundo no natural ya construido donde se desarrollan las prácticas. Este mundo no depende sólo de los niños, son los adultos los que toman protagonismo y aparecen como referentes.
Estas prácticas son las que hacen a los hombres, son mucho más que solo prácticas, determinan que seres humanos vamos a hacer, que cuerpos vamos a hacer. Hace foco en la idea de cuerpo como algo mucho más que solo un organismo.
Luego comienza a hablar del juego como contenido no como recurso para algo más. El habla de jugar como medio para vivir la vida y lo relaciona con las prácticas corporales y la actitud lúdica. Toma al juego como una práctica corporal y también cultural afirmando que “la práctica no es lo que los hombres hacen, es lo que hace a los hombres”.

La última en hablar fue Erika Chokler, “El cuerpo docente y el docente y su cuerpo”. Chokler centró su ponencia en el lugar del docente y la importancia de cómo se forman a los formadores.
Explica la función del cuerpo como comunicador, como mapa donde todo queda inscripto, ella afirma que es un espacio que habla de nosotros, de nuestra cultura de nuestra historia.
Cuestiona la idea que hay de niño, la idea que se transmite, qué tipo de comunicación les damos, y qué posibilidades se les dan a los niños de verse y encontrarse.
En referencia a esto reflexiona sobre la comunicación y como utilizamos el cuerpo al momento de comunicarnos. Resalta la importancia de acompañar, invitar, compartir, comprometerse cuando hablamos con el cuerpo, siendo el adulto el responsable de ese espacio de comunicación, cuando explica “…la importancia de la relación cuerpo a cuerpo, de estar presente”, más específicamente habla de una verdadera implicación, de estar presente para otros, con otros y a pesar de otros. La actitud del adulto debe ser de interés por lo que hace el niño y así lograr el interés del niño por el adulto compartiendo una relación en el espacio un “hacer juntos”. El compromiso, dice Chokler, se ve en las posturas, se ve en el cuerpo. Para esto es necesario descubrir, los adultos, como somos, quienes somos y también sentirnos escuchados y comprendidos, uno puede contener cuando se siente contenido. Concluye afirmando que para poder captar y percibir a los otros primero hay que estar “abiertos” al encuentro y con lo que somos construir espacios para interactuar.

En este panel todas las ponencias hacían un vaivén de bagaje teórico constante pero, llamativamente  lo más importante creo yo fue que, toda esa teoría estaba relacionada a situaciones cotidianas conocidas por todos y eso facilitaba su comprensión. No hubo situaciones incomprensibles o espacios grises de confusión, sino que constantemente se iba de la teoría a experiencias del día a día.




miércoles, 11 de mayo de 2016

El cuerpo en juego en la Educación Infantil



En el primer panel de ponencias del sábado en la OMEP, se presentaron Perla Jaritonsky, Rosa Windler y Victor Pavía, con Rosa Violante de coordinadora.

Comenzó hablando Rosa Windler sobre “El desarrollo corporal y la construcción de la subjetividad”. Hizo un recorrido histórico sobre lo que fue a lo largo del tiempo la concepción de cuerpo para sociedad, explicando cómo se ha llegado a la concepción actual. Resalta como datos e información importante como se pensaba al cuerpo en la Edad Media, como carga, sufrido, que debe seguir un adoctrinamiento para lograr salvar el alma, y cómo fue cambiando hasta llegar a la Edad Moderna en la que el cuerpo se transformó en un contenedor de sustancia pensante relacionando su existencia a la razón.
Llegando al S XX el cuerpo comienza a ser pensado como una “carta de presentación”.
Una vez finalizado este recorrido, Windler comienza a explicar la importancia del cuerpo no ya como un objeto a ser estudiado o un mero instrumento, sino como parte del ser, como parte de un sujeto. Reconociendo esto no solo en los adultos sino también en los niños, y reconociendo la importancia de los vínculos y de los otros en la constitución de la subjetividad, “…nuestra identidad inicia cuando el niño toma conciencia de su cuerpo”.
Resalta la importancia que como adultos y educadores tenemos frente a bebés, niños y niñas, sujetos que no solo necesitan de sus familias sino que también necesitan del afecto y la contención del afuera. Sujetos cuya imagen corporal se construye a partir del aporte de los otros.
“No hay proceso de desarrollo, sin proceso de aprendizaje y no hay proceso de aprendizaje si no hay proceso de enseñanza”.

La segunda ponencia fue la de Victor Pavía “Los juegos motores como acción mediada, el cuerpo pixelado”.
Para comenzar  empieza haciendo algunas preguntas que automáticamente resuenan en nuestros oídos dándole una nueva perspectiva a aquello que realizamos cotidianamente en la escuela. “¿Qué clase de jugadores son los adultos que juegan con niños? ¿Qué le agrega la escuela a la posibilidad de jugar con otros? ¿Experto en juego o experto jugador?” Es la última pregunta la que llama considerablemente mi atención. Pavía inmediatamente cuestiona si es posible ser ambos, haciendo una diferencia entre “enseñar y mostrar” y “juguemos juntos”, poniendo de esta manera al cuerpo como protagonista de esta gran diferencia y cuán necesario es el contacto con el otro, cuán importante es poder sentir al otro, sentirse tocado. “Registrar que registran que los registran”. En todo momento resalta la importancia del cuerpo como medio para llegar a ese contacto, como el vínculo que logra captar ese registro, y como el cuerpo cuenta todo y es atravesado por todo.
Luego de explicar la importancia retoma una de las preguntas iniciales sobre el lugar del adulto en el juego de los niños y utiliza una metáfora en la cual relaciona la formación de los maestros con el juego “Lobo está”, y como es que el adulto espera que los niños por ser niños partan de su imaginación y corran por sus “bosques” cuando el lobo sale a buscarlos, pero en la propia formación docentes no hay “bosques” para jugar, no hay espacios para pensar “bosques”. Todo esto se vincula a las posibilidades que les damos a los niños de hacer real el derecho al juego en la escuela, involucrando no solo sus cuerpos, sino todos los cuerpos, todos ponemos nuestros cuerpos en juego, en el juego.

La última ponencia fue la de Perla Jaritonsky “Desarrollo de la sensibilidad corporal. Hacia el inicio de experiencias estéticas vinculadas con la danza para todos”.
Jaritonsky se detiene en el cuerpo como medio de comunicación, a través de la expresión corporal, no solo con los otros sino también con uno mismo, pensando en esta como una experiencia de exploración, de vivencia, sugiriendo invitar siempre que sea posible a los niños a vincularse de esta forma.
Partiendo de esta idea toma al cuerpo del adulto como posibilitador de experiencias, puntualmente en este caso con los bebés. Bailar, sostener, mecer etc., mostrándose como modelo para mediante la imitación lograr compartir y seguir el juego y más importante aún generar encuentros con otros.
Puntualiza como es necesario ofrecer a los bebés y niños para que se inicien en las diferentes experiencias estéticas a través de la exploración sensible y las acciones que realizan con su cuerpo, toques, miradas, caricias, para ayudar a construir la subjetividad.
Jaritonsky dice “soy cuerpo presente en cada acción”, y así enfatiza la importancia de las vivencias estéticas en los niños y el rol de adulto como habilitador de estas.

Al finalizar las tres ponencias Rosa Violante cierra la conferencia tomando los aspectos más importantes de cada una, el lugar del cuerpo en la Educción Infantil y al juego como facilitador de la comunicación entre niños y adultos.

martes, 10 de mayo de 2016

"¡A jugar y bailar!"

“¡A jugar y bailar!” A partir del juego…Empieza el baile en este jardín maternal. Estrategias docentes des inhibitorias y socializadoras, por Ana María Porstein y Diego Larrigaudiere.

Con las bajas temperaturas de ese sábado por la mañana, uno creería que quedarse descalzo, no iba a ser uno de los requisitos para participar de unos de los talleres de la OMEP, pero pensándolo dos veces y releyendo el titulo de este…  no puedo evitar pensar “que fiaca esto”. Con muy pocas ganas y cierta resistencia que me recorre el cuerpo de pies a cabeza, me saco los zapatos y dejo mi campera y mochila sobre un banco de madera.

Ya descalza y con mucho frío recorro el aula, donde se llevará a cabo el taller con la mirada, para rápidamente vislumbrar  telas de distintos colores y texturas, tiras de totora y elásticos atravesando todo el espacio, llegando a cada rincón de este nuevo lugar. En el piso hay una gran cantidad de planchas de cartón, y queriendo tener una visión más panorámica de la situación me quedo “afuera” de esta foto y observo. Son milésimas de segundo lo que tardo en enderezarme, abrir el pecho y decidir dejar mi pereza junto con mis cosas.


Rápidamente el aula se llena de gente y comienza el juego. Se presentan sin mucha introducción Ana María Porstein y Diego Larrigaudiere, y dan las primeras indicaciones para este particular encuentro. “Jueguen con todo lo que encuentran en el espacio, recorran”, siendo esta una primera indicación bastante amplia, decido seguir con mis dedos los caminos que las tiras de totora van marcando, hasta llegar a una grandísima tela amarilla brillante. Es tal la atracción que la tela me genera, y no solo a mí porque miro al costado y veo a otra chica con la misma expresión de picardía que yo, que inevitablemente me agacho y la agarro de un borde mientras la otra chica hace lo mismo, y en lo que dura un suspiro miro a mi alrededor y me encuentro que ya somos muchas las que saltamos eufóricamente abajo del gran paracaídas haciéndolo volar una y otra vez.
Así con total libertad empieza este juego, juego en el que los adultos como dijo Diego “jugamos como adultos, no como chicos”, porque para verdaderamente poder jugar con los chicos hay que jugar como quienes somos, adultos con ganas de jugar, adultos que no necesitan no tener miedo a hacer el ridículo, porque jugando nunca lo haremos, porque jugando somos libres, libres de elegir quien queremos ser, libres de tener miedo, libres expresarnos, o simplemente libres de observar y disfrutar de lo que los demás hacen.  Jugando nos vamos de paseo, viajamos y recorremos nuevos mundos, nuestro nuevo mundo, o el nuevo mundo de alguien más. Jugando construimos nuevos mundos juntos, de a dos, de a tres, jugando somos parte de un mundo en el que todos podemos ser constructores.
Dentro de lo planificado por los creadores de esta propuesta, no quedó nada afuera. La música acompañaba el movimiento, los materiales no estructurados llamaban a la creatividad y la imaginación de todas nosotras, y cada una de sus intervenciones fue la justa y necesaria. Jugamos con los materiales, los exploramos, jugamos en parejas, en grupos, nos subimos a trenes, creamos nuestros propios refugios y nos enfrentamos a nuestros miedos. Fue en ese momento, en el que Diego o mejor dicho “el fantasma” nos hizo sentir nuevamente como niños, cuando se acercó con una tela tapándole la cabeza e instintivamente todas nos replegamos para los costados. Porque en ese juego el era nuestro fantasma y fue necesaria la valentía de algunas para desenmascararlo y despojarnos de ese miedo, para luego todas juntas, con Ana María, sentirlo y tocarlo con nuestras propias manos como si por un momento fuera solo eso, una tela que está ahí esperando para envolvernos, si es que nosotras no la agarramos primero y de a poco la vamos corriendo, la vamos soltando.
Luego de ese momento, el cual a pesar de estar todas acurrucadas bajo una pequeña tela, fue realmente íntimo nos dispusimos todos juntos a jugar con el paracaídas. La consigna principal fue la de movernos todos juntos, encontrando el equilibrio entre un grupo de desconocidos para ser parte de algo tan conocido como es el juego.
A continuación todos nos sentamos para conversar y compartir lo que la propuesta nos había generado, para escucharnos entre todos, Ana María y Diego incluidos quienes estaban más que satisfechos con el encuentro.
Un encuentro, fue realmente eso, un encuentro de personas, de sujetos, quienes cada uno con su historia, con sus saberes previos, con sus experiencias tuvo la posibilidad de vivir ese momento como  pudo, como quiso, como le salió. Salieron sentimientos, emociones, movimientos, gestos, voces, y fue la unión espontánea y real de todo lo que nos hace más que simples cuerpos que se mueven en el espacio, fue un momento en el que fuimos más que cuerpos compuestos por partes que hacen a un todo, fuimos sujetos en su mayor simpleza, sujetos libres. Libres de expresarse, de comunicarse despojados de nuestras inhibiciones, dejándonos llevar por eso tan preciado, buscado y pedido por todos los niños, el juego.




En la ciudad de los libros

Llegar y querer todo, o casi todo. Eso es la Feria del Libro. Todos los libros juntos en un solo lugar, listos para ser chusmeados, hojeados y adquiridos.
Este año tuve la suerte de poder ir a la feria en día de semana y la experiencia fue completamente diferente a las anteriores. Llegar y no saber por dónde empezar fue lo que me pasó, por lo que empecé a caminar buscando los stands de las editoriales que me interesaban para empezar a organizarme y armarme un recorrido sin perder tiempo.

Estaban todas las editoriales infantiles (o líneas de las grandes editoriales) que más me gustan, Kalandraka, Una Luna, Quipu, El zorro Rojo, La brujita de Papel, Fondo Económico de Cultura, Océano, Edelvives entre otras. De a poco e intentando dividir equitativamente el tiempo que tenía, fui pasando y entrando a todos. Verdaderamente es una gran oportunidad de tener contacto y alcance de la mano muchos libros que posiblemente en las librerías no se van a encontrar, o por lo menos no todos en un mismo lugar. Es así como aparece la chance de comparar una misma historia, como por ejemplo las de los cuentos tradicionales y ver las diversas publicaciones que hay. También por supuesto que es un excelente momento para conocer historias y cuentos nuevos, como a su vez empezar de a poco a reconocer y recordar nombres de autores, de ilustradores y por supuesto de las mismas editoriales.
Cada uno de los stands era distinto y estaba diseñado y decorado de un modo particular, algunos eran muy grandes otros más pequeños, de colores variados. Si se podía observar que cada uno tenía una estética vinculada a la estética de la editorial, y en muchos de ellos se podían ver imágenes de los personajes que forman parte de algunos de sus cuentos. En el caso de los libros para chicos prácticamente en todos los stands se encontraban expuestos del mismo modo que los podríamos encontrar en la biblioteca de una sala, apoyados con su tapa a la vista.  
Una de las ventajas a tener en cuenta al momento de decidir si llevar o no algún libro, es que en la feria por ser docente, llevando un recibo, en la gran mayoría de las editoriales  hacen descuentos. También se presenta la oportunidad, si uno busca en el cronograma, de conocer a diferentes autores, ya sea porque se organizan las presentaciones de algunos libros o porque se acercan a alguno de los stands para firmar copias de sus publicaciones.

Mi apreciación personal fue la de sentirme un poco abstraída del resto del mundo, por lo menos en ese tiempo que pude disfrutar de la feria. Me deje llevar por el recorrido que se “presenta” por la forma en que está organizado el espacio, si quizás como crítica constructiva podría decir que en repetidas ocasiones se generó una suerte de “congestión”. Había muchas personas que se llevaban libros para las bibliotecas populares; cada editorial podía estar o no adherida a un programa que les permite a las bibliotecas buscar libros para chicos creería que de forma gratuita. Pero el inconveniente que surgió de esta situación fue que estas personas, con cajas llenas, literal, de distintos libros pasaban para registrar lo que se llevaban por la misma caja que el resto de los “mortales” que decidíamos llevarnos con suerte un par de libros. Por esto los stands se superpoblaban y era tediosa la espera.
Rescato de todos modos, la iniciativa de las editoriales por abastecer estos espacios mágicos, como lo son las bibliotecas, con las infinitas posibilidades de imaginar y disfrutar que los libros les pueden brindar a los chicos.

Como adulta ahora, y no tan parada en una postura docente, la feria creo yo, es una posibilidad de entusiasmarse con la lectura, y descubrir para los que no lo habitúan, un mundo paralelo al que conocemos, y perderse en nuevas y diferentes realidades, es la chance de encontrarse e identificarse con un personaje o historia y sentirse “casi” parte de algo que pudo haber pasado hace muchos años, o que puede estar pasando en un lugar muy lejano. Es dejarse llevar por esa corriente de palabras e imágenes que circula por cada pasillo, es despertar los sentidos entablando casi una relación con ese nuevo objeto que alimentará nuestro cuerpo. Es levantarse del sillón, apagar la tele y recordar el poder de las palabras, palabras que resuenan en nuestra cabeza, con nuestra voz o la de quien nosotros queramos, palabras que dibujan imágenes tan propias y personales que jamás habrá dos iguales.
De esta misma forma creo que la feria interpelará a cada niño que la recorra y participe de ella. Cada uno podrá entablar su propia relación con la literatura, ya que para los más pequeños lo que se ofrece son primordialmente libros con páginas llenas de palabras, grandes, chiquitas, en mayúscula, minúscula, y de todos los colores, que comparten protagonismo con la más grande variedad de imágenes, ilustraciones para que de la mano de autores e ilustradores comiencen su recorrido por este nuevo mundo lleno de infinitas posibilidades.

Teniendo en cuenta que los niños no tienen, tanto en sus escuelas como en sus casas, la variedad de libros que pueden encontrar en la feria, ir con ellos puede lograr despertar su interés, y ver que hay muchos más libros que los que ven a diario en la biblioteca de la sala. Creería de todos modos que lo más conveniente, para poder hacer una salida con los chicos, sería participar de alguna de las actividades lúdicas que propone la feria, para luego recorrer algunos de los stands a modo de espacios de lectura. Siempre entendiendo y recordando que si llevamos a los niños será para que puedan tocar y tener un contacto real con los libros, si los llevamos pidiéndoles que tengan extremo cuidado a tal punto que no puedan explorarlos esta gran oportunidad carecerá de sentido.

Nuevas Perspectivas

En esta primer salida del año elegí visitar el MALBA, más específicamente para conocer y recorrer la exposición de Jorge Macchi, “Perspectiva”.

En un primer momento me llamó la atención la extensión de obras que presentaba el artista, ocupando prácticamente todo el segundo piso. Después de informarme leyendo la presentación que se encuentra en la entrada del primer salón, junto con la información complementaria del folleto, pude verdaderamente observar que a pesar de ser una exposición antológica, la primera que realiza en nuestro país, esta no es presentada de forma cronológica, es decir en el orden en el cual el artista realizó las obras. La exposición está organizada en cuatro bloques temáticos:
·         Temporalidad
·         Mapas, ciudades, situacionismo
·         Música, cortes, montajes
·         Fantasmagorías pictóricas


Es por esto que en esta oportunidad pude apreciar diversas formas de expresión artística, como ser esculturas, pinturas, instalaciones audiovisuales, intervenciones espaciales, entre otras. Para lograr esto el artista utilizó una variedad de herramientas que le han permitido conformar una muestra que atrae e involucra todos los sentidos de sus espectadores.


Situándome en el centro del segundo salón, donde a mi criterio se encuentran las obras más significativas, es en un abrir y cerrar de ojos que puedo visualizar prácticamente todos los contenidos de las obras en distintos momentos de mi cotidianeidad, signos e imágenes que han dejado de impactarme pero que vistas a través de un vidrio o colgados de la pared de un museo, en ese momento presentan toda una nueva “perspectiva”. Es desde este lugar que se plantea la principal problemática, creando nuevas realidades y significados, o tal vez los verdaderos ya perdidos en la actualidad.  Jorge Macchi impacta en nuestros sentidos utilizando ni más ni menos que aquellas imágenes a las que el ojo humano se ha acostumbrado de tal manera que hoy en día pasan casi inadvertidas.
Es en este momento en el que miro a mi alrededor sorprendida por todo lo que me rodea comenzando a sentir como una sensación de nostalgia se mezcla con la atmosfera misteriosa y casi abstracta que invade los salones.




Teniendo en cuenta lo anteriormente planteado es en mi opinión, de suma importancia no solamente observar y apreciar cada una de las obras llevándose una única primera impresión sino, que se podría pensar como casi imperativo poder tener una segunda mirada, desde un punto de vista más lejano y abarcativo para poder verdaderamente sentirse atravesado por algunos de los conflictos actuales que plantea el artista.
Lo que por momentos se puede confundir con la “simpleza” de las obras, detrás de las mismas se encuentran historias trágicas y hasta en algunos casos con un poco de ironía. Cuanto mayor es su simpleza, más personal y sentimental se vuelve mí apreciación. 

Es probable, y un aspecto a tener en cuenta, que la muestra sea demasiado extensa para los chicos, por lo que en mi opinión sería lo más apropiado elegir o un salón o ciertas obras para hacer foco en estas. Esto no quiere decir coartar la curiosidad de los chicos junto con sus ganas de explorar y conocer las propuestas, por lo que creo necesario darles la libertad de observar y apreciar todas las obras, pero sí propondría que al momento de llevar esta experiencia a la sala se haga un recorte logrando profundizar sobre algún aspecto o característica específica.  

domingo, 1 de mayo de 2016

“Ver para creer”

El jardín maternal más allá de los prejuicios

Nuestros oídos se llenan de prejuicios al momento de pensar si en el jardín maternal los niños realmente aprenden, en mi caso fue necesario “ver para creer” y de esta manera comprobar que realmente son solo eso…prejuicios.


¿Por dónde empezar? “Me contaron que…”, “Generalmente uno escucha…”, “Todo el mundo dice…”, “Yo escuche que en el jardín maternal mucho no se hace con los chicos”.
Estas “creencias, prejuicios, comentarios, mitos, leyendas urbanas” o cómo quieran llamarlas, fueron las ideas con las que yo entré la primera vez que puse un pie en una sala de jardín maternal. A este incierto nuevo comienzo se le sumaba un miedo desmesuradamente exagerado hacia los bebés, como seres aterradores que con tan sólo 5 meses de vida podían arruinar mi futura carrera docente.
Con mi novata experiencia, me encontré ese primer día en el jardín en el que empecé mi primer taller. Claramente, la sala de dos o de un año  parecían opciones mucho más tentadoras, pero no, yo termine en aquella sala de bebés.
Esa primera tarde mientras intentaba con una espastiques[i] manual jamás vista antes, darle por primera vez la mamadera a una beba de menos de 5 meses, como si estuviera analizando una fórmula de física cuántica, podía sentir todos los ojos puestos en mí, ojos de todos los colores y tamaños, ojos de niños, docentes y los dos ojos que más me preocupaban “los de mi profesora”. En ese momento las tres horas de la jornada que cumplíamos parecieron una eternidad, pocas veces el tiempo pasó tan lentamente; me sentía desorientada, un poco confundida y nunca tan nerviosa. Al finalizar esa larga tarde, entre muchos de los interrogantes que se cruzaron por mi cabeza estaban aquellos que inevitablemente se relacionaban con las actividades próximas a ser implementadas: ¿Por dónde empiezo? ¿Qué se hace con los bebés? ¿Qué se les enseña? ¿Se les puede enseñar algo valioso? ¿En esa sala se hace algo más que cambiar pañales, dar mamaderas y tirarse en el piso a jugar con los “chiches”?
A los pocos días me di cuenta que, para mi sorpresa, dar una mamadera, brindándole a esa pequeña persona el cariño, sostén y ayuda que necesita para “simplemente” alimentarse; la higiene, también, se transformaba en un nuevo desafío. Recuerdo pensar luego de ese primer pañal que nada podría salir peor. Después de lo que creo que fueron unos 20 incómodos minutos  tanto para el bebé como para mí, unos guantes de bolsa inexplicablemente grandes, como para manos de gigante, pegándose a los abrojos del pañal, pedazos de algodón innecesariamente llenos de óleo, y los dos en el piso ya que me había sido imposible vestirlo en el cambiador; consideré que quizás después de todo la tan nombrada y citada “intencionalidad pedagógica” era real.
Fue entonces cuando a estas vergonzosas experiencias logré encontrarles el lado positivo pensando que todas esas horas, en diferentes materias, leyendo, analizando y estudiando sobre dicha “intencionalidad” no había sido tiempo perdido. Comprendí que realmente existe la posibilidad en las distintas situaciones cotidianas del jardín, de convertir aquellos conocimientos en oportunidades para enseñar y aprender. Sólo fue necesario encontrar una motivación para poder empezar.
Cintas de colores, cascabeles, botellas de plástico, algunas costuras y grandes obras de arte fueron las que me llevaron por el buen camino y despertaron mi interés. Ya con varias ideas en mi cabeza para las próximas actividades “algo genuino” iba a hacer, o por lo menos lo iba a intentar.
Asombro no es palabra suficiente para describir lo que me pasó, era real, tal cómo me habían dicho las profesoras, las docentes y algunas de mis compañeras. Lo bebés no solo demostraban interés, ante cada una de las propuestas que yo les iba presentando, cada vez con mayor entusiasmo y determinación, sino que fundamentalmente construían valiosos aprendizajes.
Al terminar con las actividades planificadas, una carpeta llena de hojas impresas, bolsas con materiales apiladas por toda mi casa y las palabras alentadoras de una gran profesora, lo entendí.
Sin importar la edad, siempre existe la posibilidad de construir nuevos conocimientos. Desde algo que puede parecer tan simple y cotidiano, como el proceso que hace un bebé para aprender a tomar su mamadera o pasar las hojas de un libro, hasta algo considerado “tan complejo” o abstracto como apreciar obras de grandes artistas despertando todos sus sentidos.
Yo descubrí a lo largo de este recorrido que aún con los más pequeños existen grandes posibilidades de crecer y construir, juntos día a día. En esta oportunidad entre ellos, aquellos seres que hace solo unos meses parecían tan extraños, atemorizantes y jamás antes conocidos y yo, una maestra más como muchas otras que llena de creencias, prejuicios, comentarios, mitos y leyendas urbanas pensaba ilusamente “…que en el jardín maternal no se hace mucho con los chicos”.
“Ver para creer”, eso fue el taller para mí. Creer no solamente en todo lo que los niños, pueden aprender sino también en todo lo que un buen docente puede lograr, cuando aprende a ver más allá de las primeras impresiones, más allá del “qué dirán”.
Para cerrar, resuenan en mí las palabras de Rosa Violante: “Enseñar en el Nivel Inicial es dar: conocimiento y afecto, confianza, calidez, ternura, cuidado; es acunar desde los primeros años con “brazos firmes pero abiertos” […]es mostrar el mundo y cómo andar en él” Rosa Violante (2001)



[i] Espastiques: torpeza corporal, falta de coordinación, dificultad motriz.