Este panel de la OMEP estaba compuesto por Ana María Porstein, Patricia Goicochea, Ricardo Crisorio y
Erika Chokler.
La primera en
presentar fue Ana María Porstein quien denominó su ponencia “El juego corporal
de cambio de posiciones en los niños de 0 a 2 años. De la espontaneidad a la
agenda de la sala. Posibilidades y prejuicios”.
Porstein
comienza hablando sobre las posturas de los bebés y qué sienten según la
posición en la que se encuentran, es decir que sensaciones les generan, placer,
dolor.
A partir de
esto hace foco en el rol del docente en el Jardín Maternal como habilitador,
brindándoles a los niños posibilidades de movimiento y exploración, a través de
las diversas posiciones que pueden generar, sin limitar su accionar. Nombra
como mejor posición, según su criterio la de panza arriba, siendo esta la que menor
incomodidad produce en los bebés, explicando como la incomodidad genera tensión
la cual deriva rápidamente en displacer.
Acá va la
foto!
En algunas de
las diapositivas que mostraban se podían observar fotos de bebés en distintos
dispositivos creados para el confort y la autonomía, esto ella lo cuestiona
fuertemente, preguntándose si realmente permiten el movimiento y si en verdad
no coartan la libertad corporal de los niños. Cuestiona a su vez el tiempo que
en la actualidad, tanto en sus casas, como en las diversas instituciones a las
que asisten, se encuentran los bebés depositados en dichos dispositivos. Luego
de ver estás fotografías afirma que si no hay exploración no hay
descubrimiento, si no hay descubrimiento no hay reiteración, y si no hay reiteración
no hay conocimiento. Los niños deben
estar cómodos para poder explorar, de esta manera comienzan a elaborar la
seguridad sobre su propio cuerpo. Un niño incómodo no puede sentir su cuerpo
consecuentemente no puede usarlo.
Según Porstein
deben poder construir autónomamente, espontáneamente jugando con su cuerpo y
así convertirse en niños exploradores.
La segunda
ponencia estuvo a cargo de Patricia Goicochea quien presentó “Moverse con otros
en la ludoteca escolar. Los universos lúdicos en la escuela”.
Comienza
contando un poco sobre la ludoteca que ella coordina en una escuela pública, y
como el juego es en verdad “la punta de algo más”
Hace
referencia a la acción lúdica a través de objetos que pueden ser transformados
al jugar, objetos que se convierten en juguetes y permiten a los chicos
transformarse en jugadores logrando distintos modos de interactuar.
Habla de la
ludoteca como un espacio de invención donde se generan distintos modos de mirar
e interactuar. Luego comienza a enfocarse en el juego y como se crean “mundos
externos e internos” durante su desarrollo, y como en un principio para el ojo
ajeno simplemente se puede observar caos, para a continuación volver a una
restauración del orden. Ella explica esta situación como algo que suele suceder
en este espacio que coordina, un espacio que no solo llama a la acción sino que
también refugia y ampara. Los jugadores según Goicochea no solo participan
jugando, además conocen y se dan a conocer en este universo de significados.
Universo en el cual el juego es intangible, no se termina de descubrir. Es
efímero, tiene un comienzo y un final, es un “mundo breve”, ficticio pero
verdadero, teniendo la posibilidad de volver y empezar nuevamente para
resignificar los objetos.
Termina su
ponencia afirmando que jugar es esforzarse, es llegar a acuerdos, sacar, es un “trabajo”
placentero. Jugar significa una autogestión, una regulación.
“Creer y
crear, sino no creo no juego”.
La tercer
ponencia fue la de Ricardo Crisorio “El cuerpo de las prácticas corporales”.
Crisorio hace hincapié en el cuerpo construido a partir de un conjunto de
prácticas. Explica que no nacemos con un cuerpo, sino que este se constituye
porque hablamos, por la facultad del lenguaje que produce prácticas y en estas
se constituye el cuerpo y el sujeto. Habla del mundo que existe antes del
cuerpo, un mundo no natural ya construido donde se desarrollan las prácticas. Este
mundo no depende sólo de los niños, son los adultos los que toman protagonismo
y aparecen como referentes.
Estas
prácticas son las que hacen a los hombres, son mucho más que solo prácticas,
determinan que seres humanos vamos a hacer, que cuerpos vamos a hacer. Hace
foco en la idea de cuerpo como algo mucho más que solo un organismo.
Luego comienza
a hablar del juego como contenido no como recurso para algo más. El habla de
jugar como medio para vivir la vida y lo relaciona con las prácticas corporales
y la actitud lúdica. Toma al juego como una práctica corporal y también cultural
afirmando que “la práctica no es lo que los hombres hacen, es lo que hace a los
hombres”.
La última en
hablar fue Erika Chokler, “El cuerpo docente y el docente y su cuerpo”. Chokler
centró su ponencia en el lugar del docente y la importancia de cómo se forman a
los formadores.
Explica la
función del cuerpo como comunicador, como mapa donde todo queda inscripto, ella
afirma que es un espacio que habla de nosotros, de nuestra cultura de nuestra
historia.
Cuestiona la
idea que hay de niño, la idea que se transmite, qué tipo de comunicación les
damos, y qué posibilidades se les dan a los niños de verse y encontrarse.
En referencia
a esto reflexiona sobre la comunicación y como utilizamos el cuerpo al momento
de comunicarnos. Resalta la importancia de acompañar, invitar, compartir,
comprometerse cuando hablamos con el cuerpo, siendo el adulto el responsable de
ese espacio de comunicación, cuando explica “…la importancia de la relación
cuerpo a cuerpo, de estar presente”, más específicamente habla de una verdadera
implicación, de estar presente para otros, con otros y a pesar de otros. La
actitud del adulto debe ser de interés por lo que hace el niño y así lograr el interés
del niño por el adulto compartiendo una relación en el espacio un “hacer juntos”.
El compromiso, dice Chokler, se ve en las posturas, se ve en el cuerpo. Para
esto es necesario descubrir, los adultos, como somos, quienes somos y también sentirnos
escuchados y comprendidos, uno puede contener cuando se siente contenido.
Concluye afirmando que para poder captar y percibir a los otros primero hay que
estar “abiertos” al encuentro y con lo que somos construir espacios para
interactuar.
En este panel
todas las ponencias hacían un vaivén de bagaje teórico constante pero,
llamativamente lo más importante creo yo
fue que, toda esa teoría estaba relacionada a situaciones cotidianas conocidas
por todos y eso facilitaba su comprensión. No hubo situaciones incomprensibles
o espacios grises de confusión, sino que constantemente se iba de la teoría a
experiencias del día a día.
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