miércoles, 25 de mayo de 2016

“El cuerpo del niño y del maestro en la escuela infantil”

Este panel de la OMEP estaba compuesto por Ana María Porstein, Patricia Goicochea, Ricardo Crisorio y Erika Chokler.
La primera en presentar fue Ana María Porstein quien denominó su ponencia “El juego corporal de cambio de posiciones en los niños de 0 a 2 años. De la espontaneidad a la agenda de la sala. Posibilidades y prejuicios”.
Porstein comienza hablando sobre las posturas de los bebés y qué sienten según la posición en la que se encuentran, es decir que sensaciones les generan, placer, dolor.
A partir de esto hace foco en el rol del docente en el Jardín Maternal como habilitador, brindándoles a los niños posibilidades de movimiento y exploración, a través de las diversas posiciones que pueden generar, sin limitar su accionar. Nombra como mejor posición, según su criterio la de panza arriba, siendo esta la que menor incomodidad produce en los bebés, explicando como la incomodidad genera tensión la cual deriva rápidamente en displacer.
Acá va la foto!
En algunas de las diapositivas que mostraban se podían observar fotos de bebés en distintos dispositivos creados para el confort y la autonomía, esto ella lo cuestiona fuertemente, preguntándose si realmente permiten el movimiento y si en verdad no coartan la libertad corporal de los niños. Cuestiona a su vez el tiempo que en la actualidad, tanto en sus casas, como en las diversas instituciones a las que asisten, se encuentran los bebés depositados en dichos dispositivos. Luego de ver estás fotografías afirma que si no hay exploración no hay descubrimiento, si no hay descubrimiento no hay reiteración, y si no hay reiteración no hay conocimiento.  Los niños deben estar cómodos para poder explorar, de esta manera comienzan a elaborar la seguridad sobre su propio cuerpo. Un niño incómodo no puede sentir su cuerpo consecuentemente no puede usarlo.
Según Porstein deben poder construir autónomamente, espontáneamente jugando con su cuerpo y así convertirse en niños exploradores.

La segunda ponencia estuvo a cargo de Patricia Goicochea quien presentó “Moverse con otros en la ludoteca escolar. Los universos lúdicos en la escuela”.
Comienza contando un poco sobre la ludoteca que ella coordina en una escuela pública, y como el juego es en verdad “la punta de algo más”
Hace referencia a la acción lúdica a través de objetos que pueden ser transformados al jugar, objetos que se convierten en juguetes y permiten a los chicos transformarse en jugadores logrando distintos modos de interactuar.
Habla de la ludoteca como un espacio de invención donde se generan distintos modos de mirar e interactuar. Luego comienza a enfocarse en el juego y como se crean “mundos externos e internos” durante su desarrollo, y como en un principio para el ojo ajeno simplemente se puede observar caos, para a continuación volver a una restauración del orden. Ella explica esta situación como algo que suele suceder en este espacio que coordina, un espacio que no solo llama a la acción sino que también refugia y ampara. Los jugadores según Goicochea no solo participan jugando, además conocen y se dan a conocer en este universo de significados. Universo en el cual el juego es intangible, no se termina de descubrir. Es efímero, tiene un comienzo y un final, es un “mundo breve”, ficticio pero verdadero, teniendo la posibilidad de volver y empezar nuevamente para resignificar los objetos.
Termina su ponencia afirmando que jugar es esforzarse, es llegar a acuerdos, sacar, es un “trabajo” placentero. Jugar significa una autogestión, una regulación.
“Creer y crear, sino no creo no juego”.

La tercer ponencia fue la de Ricardo Crisorio “El cuerpo de las prácticas corporales”. Crisorio hace hincapié en el cuerpo construido a partir de un conjunto de prácticas. Explica que no nacemos con un cuerpo, sino que este se constituye porque hablamos, por la facultad del lenguaje que produce prácticas y en estas se constituye el cuerpo y el sujeto. Habla del mundo que existe antes del cuerpo, un mundo no natural ya construido donde se desarrollan las prácticas. Este mundo no depende sólo de los niños, son los adultos los que toman protagonismo y aparecen como referentes.
Estas prácticas son las que hacen a los hombres, son mucho más que solo prácticas, determinan que seres humanos vamos a hacer, que cuerpos vamos a hacer. Hace foco en la idea de cuerpo como algo mucho más que solo un organismo.
Luego comienza a hablar del juego como contenido no como recurso para algo más. El habla de jugar como medio para vivir la vida y lo relaciona con las prácticas corporales y la actitud lúdica. Toma al juego como una práctica corporal y también cultural afirmando que “la práctica no es lo que los hombres hacen, es lo que hace a los hombres”.

La última en hablar fue Erika Chokler, “El cuerpo docente y el docente y su cuerpo”. Chokler centró su ponencia en el lugar del docente y la importancia de cómo se forman a los formadores.
Explica la función del cuerpo como comunicador, como mapa donde todo queda inscripto, ella afirma que es un espacio que habla de nosotros, de nuestra cultura de nuestra historia.
Cuestiona la idea que hay de niño, la idea que se transmite, qué tipo de comunicación les damos, y qué posibilidades se les dan a los niños de verse y encontrarse.
En referencia a esto reflexiona sobre la comunicación y como utilizamos el cuerpo al momento de comunicarnos. Resalta la importancia de acompañar, invitar, compartir, comprometerse cuando hablamos con el cuerpo, siendo el adulto el responsable de ese espacio de comunicación, cuando explica “…la importancia de la relación cuerpo a cuerpo, de estar presente”, más específicamente habla de una verdadera implicación, de estar presente para otros, con otros y a pesar de otros. La actitud del adulto debe ser de interés por lo que hace el niño y así lograr el interés del niño por el adulto compartiendo una relación en el espacio un “hacer juntos”. El compromiso, dice Chokler, se ve en las posturas, se ve en el cuerpo. Para esto es necesario descubrir, los adultos, como somos, quienes somos y también sentirnos escuchados y comprendidos, uno puede contener cuando se siente contenido. Concluye afirmando que para poder captar y percibir a los otros primero hay que estar “abiertos” al encuentro y con lo que somos construir espacios para interactuar.

En este panel todas las ponencias hacían un vaivén de bagaje teórico constante pero, llamativamente  lo más importante creo yo fue que, toda esa teoría estaba relacionada a situaciones cotidianas conocidas por todos y eso facilitaba su comprensión. No hubo situaciones incomprensibles o espacios grises de confusión, sino que constantemente se iba de la teoría a experiencias del día a día.




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