Llegar y
querer todo, o casi todo. Eso es la Feria del Libro. Todos los libros juntos en
un solo lugar, listos para ser chusmeados, hojeados y adquiridos.
Este año tuve
la suerte de poder ir a la feria en día de semana y la experiencia fue
completamente diferente a las anteriores. Llegar y no saber por dónde empezar
fue lo que me pasó, por lo que empecé a caminar buscando los stands de las
editoriales que me interesaban para empezar a organizarme y armarme un
recorrido sin perder tiempo.
Estaban todas
las editoriales infantiles (o líneas de las grandes editoriales) que más me
gustan, Kalandraka, Una Luna, Quipu, El zorro Rojo, La brujita de Papel, Fondo
Económico de Cultura, Océano, Edelvives entre otras. De a poco e intentando
dividir equitativamente el tiempo que tenía, fui pasando y entrando a todos.
Verdaderamente es una gran oportunidad de tener contacto y alcance de la mano
muchos libros que posiblemente en las librerías no se van a encontrar, o por lo
menos no todos en un mismo lugar. Es así como aparece la chance de comparar una
misma historia, como por ejemplo las de los cuentos tradicionales y ver las
diversas publicaciones que hay. También por supuesto que es un excelente
momento para conocer historias y cuentos nuevos, como a su vez empezar de a
poco a reconocer y recordar nombres de autores, de ilustradores y por supuesto
de las mismas editoriales.
Cada uno de
los stands era distinto y estaba diseñado y decorado de un modo particular,
algunos eran muy grandes otros más pequeños, de colores variados. Si se podía
observar que cada uno tenía una estética vinculada a la estética de la
editorial, y en muchos de ellos se podían ver imágenes de los personajes que
forman parte de algunos de sus cuentos. En el caso de los libros para chicos
prácticamente en todos los stands se encontraban expuestos del mismo modo que
los podríamos encontrar en la biblioteca de una sala, apoyados con su tapa a la
vista.
Una de las
ventajas a tener en cuenta al momento de decidir si llevar o no algún libro, es
que en la feria por ser docente, llevando un recibo, en la gran mayoría de las
editoriales hacen descuentos. También se
presenta la oportunidad, si uno busca en el cronograma, de conocer a diferentes
autores, ya sea porque se organizan las presentaciones de algunos libros o
porque se acercan a alguno de los stands para firmar copias de sus
publicaciones.
Mi apreciación
personal fue la de sentirme un poco abstraída del resto del mundo, por lo menos
en ese tiempo que pude disfrutar de la feria. Me deje llevar por el recorrido
que se “presenta” por la forma en que está organizado el espacio, si quizás
como crítica constructiva podría decir que en repetidas ocasiones se generó una
suerte de “congestión”. Había muchas personas que se llevaban libros para las
bibliotecas populares; cada editorial podía estar o no adherida a un programa
que les permite a las bibliotecas buscar libros para chicos creería que de
forma gratuita. Pero el inconveniente que surgió de esta situación fue que
estas personas, con cajas llenas, literal, de distintos libros pasaban para
registrar lo que se llevaban por la misma caja que el resto de los “mortales”
que decidíamos llevarnos con suerte un par de libros. Por esto los stands se
superpoblaban y era tediosa la espera.
Rescato de
todos modos, la iniciativa de las editoriales por abastecer estos espacios
mágicos, como lo son las bibliotecas, con las infinitas posibilidades de
imaginar y disfrutar que los libros les pueden brindar a los chicos.
Como adulta
ahora, y no tan parada en una postura docente, la feria creo yo, es una
posibilidad de entusiasmarse con la lectura, y descubrir para los que no lo
habitúan, un mundo paralelo al que conocemos, y perderse en nuevas y diferentes
realidades, es la chance de encontrarse e identificarse con un personaje o
historia y sentirse “casi” parte de algo que pudo haber pasado hace muchos
años, o que puede estar pasando en un lugar muy lejano. Es dejarse llevar por
esa corriente de palabras e imágenes que circula por cada pasillo, es despertar
los sentidos entablando casi una relación con ese nuevo objeto que alimentará
nuestro cuerpo. Es levantarse del sillón, apagar la tele y recordar el poder de
las palabras, palabras que resuenan en nuestra cabeza, con nuestra voz o la de
quien nosotros queramos, palabras que dibujan imágenes tan propias y personales
que jamás habrá dos iguales.
De esta misma
forma creo que la feria interpelará a cada niño que la recorra y participe de
ella. Cada uno podrá entablar su propia relación con la literatura, ya que para
los más pequeños lo que se ofrece son primordialmente libros con páginas llenas
de palabras, grandes, chiquitas, en mayúscula, minúscula, y de todos los
colores, que comparten protagonismo con la más grande variedad de imágenes,
ilustraciones para que de la mano de autores e ilustradores comiencen su
recorrido por este nuevo mundo lleno de infinitas posibilidades.
Teniendo en
cuenta que los niños no tienen, tanto en sus escuelas como en sus casas, la
variedad de libros que pueden encontrar en la feria, ir con ellos puede lograr
despertar su interés, y ver que hay muchos más libros que los que ven a diario
en la biblioteca de la sala. Creería de todos modos que lo más conveniente,
para poder hacer una salida con los chicos, sería participar de alguna de las
actividades lúdicas que propone la feria, para luego recorrer algunos de los
stands a modo de espacios de lectura. Siempre entendiendo y recordando que si
llevamos a los niños será para que puedan tocar y tener un contacto real con
los libros, si los llevamos pidiéndoles que tengan extremo cuidado a tal punto
que no puedan explorarlos esta gran oportunidad carecerá de sentido.
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