martes, 10 de mayo de 2016

En la ciudad de los libros

Llegar y querer todo, o casi todo. Eso es la Feria del Libro. Todos los libros juntos en un solo lugar, listos para ser chusmeados, hojeados y adquiridos.
Este año tuve la suerte de poder ir a la feria en día de semana y la experiencia fue completamente diferente a las anteriores. Llegar y no saber por dónde empezar fue lo que me pasó, por lo que empecé a caminar buscando los stands de las editoriales que me interesaban para empezar a organizarme y armarme un recorrido sin perder tiempo.

Estaban todas las editoriales infantiles (o líneas de las grandes editoriales) que más me gustan, Kalandraka, Una Luna, Quipu, El zorro Rojo, La brujita de Papel, Fondo Económico de Cultura, Océano, Edelvives entre otras. De a poco e intentando dividir equitativamente el tiempo que tenía, fui pasando y entrando a todos. Verdaderamente es una gran oportunidad de tener contacto y alcance de la mano muchos libros que posiblemente en las librerías no se van a encontrar, o por lo menos no todos en un mismo lugar. Es así como aparece la chance de comparar una misma historia, como por ejemplo las de los cuentos tradicionales y ver las diversas publicaciones que hay. También por supuesto que es un excelente momento para conocer historias y cuentos nuevos, como a su vez empezar de a poco a reconocer y recordar nombres de autores, de ilustradores y por supuesto de las mismas editoriales.
Cada uno de los stands era distinto y estaba diseñado y decorado de un modo particular, algunos eran muy grandes otros más pequeños, de colores variados. Si se podía observar que cada uno tenía una estética vinculada a la estética de la editorial, y en muchos de ellos se podían ver imágenes de los personajes que forman parte de algunos de sus cuentos. En el caso de los libros para chicos prácticamente en todos los stands se encontraban expuestos del mismo modo que los podríamos encontrar en la biblioteca de una sala, apoyados con su tapa a la vista.  
Una de las ventajas a tener en cuenta al momento de decidir si llevar o no algún libro, es que en la feria por ser docente, llevando un recibo, en la gran mayoría de las editoriales  hacen descuentos. También se presenta la oportunidad, si uno busca en el cronograma, de conocer a diferentes autores, ya sea porque se organizan las presentaciones de algunos libros o porque se acercan a alguno de los stands para firmar copias de sus publicaciones.

Mi apreciación personal fue la de sentirme un poco abstraída del resto del mundo, por lo menos en ese tiempo que pude disfrutar de la feria. Me deje llevar por el recorrido que se “presenta” por la forma en que está organizado el espacio, si quizás como crítica constructiva podría decir que en repetidas ocasiones se generó una suerte de “congestión”. Había muchas personas que se llevaban libros para las bibliotecas populares; cada editorial podía estar o no adherida a un programa que les permite a las bibliotecas buscar libros para chicos creería que de forma gratuita. Pero el inconveniente que surgió de esta situación fue que estas personas, con cajas llenas, literal, de distintos libros pasaban para registrar lo que se llevaban por la misma caja que el resto de los “mortales” que decidíamos llevarnos con suerte un par de libros. Por esto los stands se superpoblaban y era tediosa la espera.
Rescato de todos modos, la iniciativa de las editoriales por abastecer estos espacios mágicos, como lo son las bibliotecas, con las infinitas posibilidades de imaginar y disfrutar que los libros les pueden brindar a los chicos.

Como adulta ahora, y no tan parada en una postura docente, la feria creo yo, es una posibilidad de entusiasmarse con la lectura, y descubrir para los que no lo habitúan, un mundo paralelo al que conocemos, y perderse en nuevas y diferentes realidades, es la chance de encontrarse e identificarse con un personaje o historia y sentirse “casi” parte de algo que pudo haber pasado hace muchos años, o que puede estar pasando en un lugar muy lejano. Es dejarse llevar por esa corriente de palabras e imágenes que circula por cada pasillo, es despertar los sentidos entablando casi una relación con ese nuevo objeto que alimentará nuestro cuerpo. Es levantarse del sillón, apagar la tele y recordar el poder de las palabras, palabras que resuenan en nuestra cabeza, con nuestra voz o la de quien nosotros queramos, palabras que dibujan imágenes tan propias y personales que jamás habrá dos iguales.
De esta misma forma creo que la feria interpelará a cada niño que la recorra y participe de ella. Cada uno podrá entablar su propia relación con la literatura, ya que para los más pequeños lo que se ofrece son primordialmente libros con páginas llenas de palabras, grandes, chiquitas, en mayúscula, minúscula, y de todos los colores, que comparten protagonismo con la más grande variedad de imágenes, ilustraciones para que de la mano de autores e ilustradores comiencen su recorrido por este nuevo mundo lleno de infinitas posibilidades.

Teniendo en cuenta que los niños no tienen, tanto en sus escuelas como en sus casas, la variedad de libros que pueden encontrar en la feria, ir con ellos puede lograr despertar su interés, y ver que hay muchos más libros que los que ven a diario en la biblioteca de la sala. Creería de todos modos que lo más conveniente, para poder hacer una salida con los chicos, sería participar de alguna de las actividades lúdicas que propone la feria, para luego recorrer algunos de los stands a modo de espacios de lectura. Siempre entendiendo y recordando que si llevamos a los niños será para que puedan tocar y tener un contacto real con los libros, si los llevamos pidiéndoles que tengan extremo cuidado a tal punto que no puedan explorarlos esta gran oportunidad carecerá de sentido.

No hay comentarios:

Publicar un comentario