“¡A jugar y
bailar!” A partir del juego…Empieza el baile en este jardín maternal.
Estrategias docentes des inhibitorias y socializadoras, por Ana María Porstein
y Diego Larrigaudiere.
Con las bajas
temperaturas de ese sábado por la mañana, uno creería que quedarse descalzo, no
iba a ser uno de los requisitos para participar de unos de los talleres de la
OMEP, pero pensándolo dos veces y releyendo el titulo de este… no puedo evitar pensar “que fiaca esto”. Con
muy pocas ganas y cierta resistencia que me recorre el cuerpo de pies a cabeza,
me saco los zapatos y dejo mi campera y mochila sobre un banco de madera.
Ya descalza y
con mucho frío recorro el aula, donde se llevará a cabo el taller con la
mirada, para rápidamente vislumbrar telas de distintos colores y texturas, tiras
de totora y elásticos atravesando todo el espacio, llegando a cada rincón de
este nuevo lugar. En el piso hay una gran cantidad de planchas de cartón, y
queriendo tener una visión más panorámica de la situación me quedo “afuera” de
esta foto y observo. Son milésimas de segundo lo que tardo en enderezarme,
abrir el pecho y decidir dejar mi pereza junto con mis cosas.
Rápidamente el
aula se llena de gente y comienza el juego. Se presentan sin mucha introducción
Ana María Porstein y Diego Larrigaudiere, y dan las primeras indicaciones para
este particular encuentro. “Jueguen con todo lo que encuentran en el espacio,
recorran”, siendo esta una primera indicación bastante amplia, decido seguir
con mis dedos los caminos que las tiras de totora van marcando, hasta llegar a
una grandísima tela amarilla brillante. Es tal la atracción que la tela me
genera, y no solo a mí porque miro al costado y veo a otra chica con la misma
expresión de picardía que yo, que inevitablemente me agacho y la agarro de un
borde mientras la otra chica hace lo mismo, y en lo que dura un suspiro miro a
mi alrededor y me encuentro que ya somos muchas las que saltamos eufóricamente
abajo del gran paracaídas haciéndolo volar una y otra vez.
Así con total
libertad empieza este juego, juego en el que los adultos como dijo Diego
“jugamos como adultos, no como chicos”, porque para verdaderamente poder jugar
con los chicos hay que jugar como quienes somos, adultos con ganas de jugar,
adultos que no necesitan no tener miedo a hacer el ridículo, porque jugando
nunca lo haremos, porque jugando somos libres, libres de elegir quien queremos
ser, libres de tener miedo, libres expresarnos, o simplemente libres de
observar y disfrutar de lo que los demás hacen.
Jugando nos vamos de paseo, viajamos y recorremos nuevos mundos, nuestro
nuevo mundo, o el nuevo mundo de alguien más. Jugando construimos nuevos mundos
juntos, de a dos, de a tres, jugando somos parte de un mundo en el que todos
podemos ser constructores.
Dentro de lo
planificado por los creadores de esta propuesta, no quedó nada afuera. La música
acompañaba el movimiento, los materiales no estructurados llamaban a la
creatividad y la imaginación de todas nosotras, y cada una de sus
intervenciones fue la justa y necesaria. Jugamos con los materiales, los
exploramos, jugamos en parejas, en grupos, nos subimos a trenes, creamos
nuestros propios refugios y nos enfrentamos a nuestros miedos. Fue en ese
momento, en el que Diego o mejor dicho “el fantasma” nos hizo sentir nuevamente
como niños, cuando se acercó con una tela tapándole la cabeza e instintivamente
todas nos replegamos para los costados. Porque en ese juego el era nuestro
fantasma y fue necesaria la valentía de algunas para desenmascararlo y
despojarnos de ese miedo, para luego todas juntas, con Ana María, sentirlo y
tocarlo con nuestras propias manos como si por un momento fuera solo eso, una
tela que está ahí esperando para envolvernos, si es que nosotras no la
agarramos primero y de a poco la vamos corriendo, la vamos soltando.
Luego de ese
momento, el cual a pesar de estar todas acurrucadas bajo una pequeña tela, fue
realmente íntimo nos dispusimos todos juntos a jugar con el paracaídas. La
consigna principal fue la de movernos todos juntos, encontrando el equilibrio
entre un grupo de desconocidos para ser parte de algo tan conocido como es el
juego.
A continuación
todos nos sentamos para conversar y compartir lo que la propuesta nos había generado,
para escucharnos entre todos, Ana María y Diego incluidos quienes estaban más
que satisfechos con el encuentro.
Un encuentro, fue
realmente eso, un encuentro de personas, de sujetos, quienes cada uno con su
historia, con sus saberes previos, con sus experiencias tuvo la posibilidad de
vivir ese momento como pudo, como quiso,
como le salió. Salieron sentimientos, emociones, movimientos, gestos, voces, y
fue la unión espontánea y real de todo lo que nos hace más que simples cuerpos
que se mueven en el espacio, fue un momento en el que fuimos más que cuerpos
compuestos por partes que hacen a un todo, fuimos sujetos en su mayor simpleza,
sujetos libres. Libres de expresarse, de comunicarse despojados de nuestras
inhibiciones, dejándonos llevar por eso tan preciado, buscado y pedido por
todos los niños, el juego.

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