martes, 10 de mayo de 2016

"¡A jugar y bailar!"

“¡A jugar y bailar!” A partir del juego…Empieza el baile en este jardín maternal. Estrategias docentes des inhibitorias y socializadoras, por Ana María Porstein y Diego Larrigaudiere.

Con las bajas temperaturas de ese sábado por la mañana, uno creería que quedarse descalzo, no iba a ser uno de los requisitos para participar de unos de los talleres de la OMEP, pero pensándolo dos veces y releyendo el titulo de este…  no puedo evitar pensar “que fiaca esto”. Con muy pocas ganas y cierta resistencia que me recorre el cuerpo de pies a cabeza, me saco los zapatos y dejo mi campera y mochila sobre un banco de madera.

Ya descalza y con mucho frío recorro el aula, donde se llevará a cabo el taller con la mirada, para rápidamente vislumbrar  telas de distintos colores y texturas, tiras de totora y elásticos atravesando todo el espacio, llegando a cada rincón de este nuevo lugar. En el piso hay una gran cantidad de planchas de cartón, y queriendo tener una visión más panorámica de la situación me quedo “afuera” de esta foto y observo. Son milésimas de segundo lo que tardo en enderezarme, abrir el pecho y decidir dejar mi pereza junto con mis cosas.


Rápidamente el aula se llena de gente y comienza el juego. Se presentan sin mucha introducción Ana María Porstein y Diego Larrigaudiere, y dan las primeras indicaciones para este particular encuentro. “Jueguen con todo lo que encuentran en el espacio, recorran”, siendo esta una primera indicación bastante amplia, decido seguir con mis dedos los caminos que las tiras de totora van marcando, hasta llegar a una grandísima tela amarilla brillante. Es tal la atracción que la tela me genera, y no solo a mí porque miro al costado y veo a otra chica con la misma expresión de picardía que yo, que inevitablemente me agacho y la agarro de un borde mientras la otra chica hace lo mismo, y en lo que dura un suspiro miro a mi alrededor y me encuentro que ya somos muchas las que saltamos eufóricamente abajo del gran paracaídas haciéndolo volar una y otra vez.
Así con total libertad empieza este juego, juego en el que los adultos como dijo Diego “jugamos como adultos, no como chicos”, porque para verdaderamente poder jugar con los chicos hay que jugar como quienes somos, adultos con ganas de jugar, adultos que no necesitan no tener miedo a hacer el ridículo, porque jugando nunca lo haremos, porque jugando somos libres, libres de elegir quien queremos ser, libres de tener miedo, libres expresarnos, o simplemente libres de observar y disfrutar de lo que los demás hacen.  Jugando nos vamos de paseo, viajamos y recorremos nuevos mundos, nuestro nuevo mundo, o el nuevo mundo de alguien más. Jugando construimos nuevos mundos juntos, de a dos, de a tres, jugando somos parte de un mundo en el que todos podemos ser constructores.
Dentro de lo planificado por los creadores de esta propuesta, no quedó nada afuera. La música acompañaba el movimiento, los materiales no estructurados llamaban a la creatividad y la imaginación de todas nosotras, y cada una de sus intervenciones fue la justa y necesaria. Jugamos con los materiales, los exploramos, jugamos en parejas, en grupos, nos subimos a trenes, creamos nuestros propios refugios y nos enfrentamos a nuestros miedos. Fue en ese momento, en el que Diego o mejor dicho “el fantasma” nos hizo sentir nuevamente como niños, cuando se acercó con una tela tapándole la cabeza e instintivamente todas nos replegamos para los costados. Porque en ese juego el era nuestro fantasma y fue necesaria la valentía de algunas para desenmascararlo y despojarnos de ese miedo, para luego todas juntas, con Ana María, sentirlo y tocarlo con nuestras propias manos como si por un momento fuera solo eso, una tela que está ahí esperando para envolvernos, si es que nosotras no la agarramos primero y de a poco la vamos corriendo, la vamos soltando.
Luego de ese momento, el cual a pesar de estar todas acurrucadas bajo una pequeña tela, fue realmente íntimo nos dispusimos todos juntos a jugar con el paracaídas. La consigna principal fue la de movernos todos juntos, encontrando el equilibrio entre un grupo de desconocidos para ser parte de algo tan conocido como es el juego.
A continuación todos nos sentamos para conversar y compartir lo que la propuesta nos había generado, para escucharnos entre todos, Ana María y Diego incluidos quienes estaban más que satisfechos con el encuentro.
Un encuentro, fue realmente eso, un encuentro de personas, de sujetos, quienes cada uno con su historia, con sus saberes previos, con sus experiencias tuvo la posibilidad de vivir ese momento como  pudo, como quiso, como le salió. Salieron sentimientos, emociones, movimientos, gestos, voces, y fue la unión espontánea y real de todo lo que nos hace más que simples cuerpos que se mueven en el espacio, fue un momento en el que fuimos más que cuerpos compuestos por partes que hacen a un todo, fuimos sujetos en su mayor simpleza, sujetos libres. Libres de expresarse, de comunicarse despojados de nuestras inhibiciones, dejándonos llevar por eso tan preciado, buscado y pedido por todos los niños, el juego.




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