Esta
exposición que propone el Museo Nacional de Bellas Artes, está compuesta por un
conjunto de artistas contemporáneos argentinos. El objetivo de esta exposición
es “mezclar” las diversas obras de arte contemporáneo con las ya pertenecientes
al museo. Este conjunto de de obras fueron realizadas por artistas de distintas
generaciones de los años 90 y la primera década de 2000. El nombre de la
muestra se relaciona directamente con el “choque” visual, con la “interferencia”
que se genera entre el relato lineal y cronológico de la colección permanente
del museo.
Interferencias
se presenta para celebrar los 25 años de la Feria Internacional de arte arteBA e
incluye obras de León Ferrari, Jorge Gamarra, Daniel García, Teresa Pereda,
Santiago Porter, Juan Carlos Romero y Clorindo Testa, junto con piezas
incorporadas recientemente a la colección de Pablo Siquier y Cristina Piffer,
donación de Fundación arteBA; de Feliciando Centurión donación de su familia,
de Mónica Millán, cedida por la artista y del colectivo Mondongo en préstamo para
la ocasión.
La
propuesta de la muestra busca desestructurar algunas miradas sobre el arte. En
esta se puede observar cómo han cambiado a lo largo de los años las diversas
expresiones artísticas sin perder valor o significado. Se puede observar
claramente las diferencias entre arte tradicional y contemporáneo pero de todos
modos esta convivencia que se genera en esta oportunidad sorprende pero sin
llegar a parecer o resultar “inadecuada”. Se trata de una invitación a otros
recorridos poniendo estas supuestas contradicciones a la vista de los
espectadores demostrando que una convivencia es posible. El museo se transforma
en el interlocutor entre ambas expresiones, logrando también una observación más
profunda sobre su propia colección, tomando distancia de la “clásica” mirada
sobre el arte.
Quizás
la obra que más me impactó fue la de Mónica Millán, no solo por su extensión
sino también por los materiales elegidos por la artista, por el clima que
genera en el salón; la obra consiste de una plataforma donde se pueden observar
flores de diversos colores, tamaños tejidas con diferentes lanas, escuchándose
de fondo algunos de los sonidos de la naturaleza. Al entrar al salón la obra
llama rápidamente la atención, en primer lugar porque irrumpe con el “orden
establecido” del museo, encontrándose en el medio del salón, cuando se
acostumbra a que todo lo expuesto se encuentre sobre o contra las paredes, y
también porque la composición de la misma, materiales, sonidos, la estética en
su totalidad difiere muchísimo de lo que se espera en un lugar así. De todos
modos lo llamativo en mi opinión, es que a pesar de este fuerte contraste no
deja de alguna manera de contribuir a la cualidad y calidad artística que se
percibe por todo el museo.

La
propuesta de la muestra busca desestructurar algunas miradas sobre el arte. En
esta se puede observar cómo han cambiado a lo largo de los años las diversas
expresiones artísticas sin perder valor o significado. Se puede observar
claramente las diferencias entre arte tradicional y contemporáneo pero de todos
modos esta convivencia que se genera en esta oportunidad sorprende pero sin
llegar a parecer o resultar “inadecuada”. Se trata de una invitación a otros
recorridos poniendo estas supuestas contradicciones a la vista de los
espectadores demostrando que una convivencia es posible. El museo se transforma
en el interlocutor entre ambas expresiones, logrando también una observación más
profunda sobre su propia colección, tomando distancia de la “clásica” mirada
sobre el arte.
Quizás
la obra que más me impactó fue la de Mónica Millán, no solo por su extensión
sino también por los materiales elegidos por la artista, por el clima que
genera en el salón; la obra consiste de una plataforma donde se pueden observar
flores de diversos colores, tamaños tejidas con diferentes lanas, escuchándose
de fondo algunos de los sonidos de la naturaleza. Al entrar al salón la obra
llama rápidamente la atención, en primer lugar porque irrumpe con el “orden
establecido” del museo, encontrándose en el medio del salón, cuando se
acostumbra a que todo lo expuesto se encuentre sobre o contra las paredes, y
también porque la composición de la misma, materiales, sonidos, la estética en
su totalidad difiere muchísimo de lo que se espera en un lugar así. De todos
modos lo llamativo en mi opinión, es que a pesar de este fuerte contraste no
deja de alguna manera de contribuir a la cualidad y calidad artística que se
percibe por todo el museo.
En
mi opinión esta muestra verdaderamente representa una forma de intervención espacial,
ya que desde una perspectiva más conceptual invita a sus espectadores a replantarse
esta posible convivencia entre arte tradicional y contemporáneo. Convivencia
que actualmente se traduce en una relación de poderes, una competencia entre
ambas partes para elegir a un solo ganador, a una expresión por sobre la otra. En
esta oportunidad se abre un espacio para una relación armónica. Una relación donde
no solo convive el arte y la historia del arte, sino la propia historia del
hombre.
Pensando
en cómo relacionar esto a una propuesta para los niños tomaría lo planteado
anteriormente. Lo propondría cómo una oportunidad para que los niños puedan
encontrar las diferencias y similitudes entres ambas expresiones artísticas,
posiblemente centrándome específicamente en algunas obras previamente elegidas; para
junto con ellos encontrar este “punto de encuentro” este diálogo entre ambas.







