martes, 21 de junio de 2016

"Interferencias"

Muestra del Museo Nacional de Bellas Artes

Esta exposición que propone el Museo Nacional de Bellas Artes, está compuesta por un conjunto de artistas contemporáneos argentinos. El objetivo de esta exposición es “mezclar” las diversas obras de arte contemporáneo con las ya pertenecientes al museo. Este conjunto de de obras fueron realizadas por artistas de distintas generaciones de los años 90 y la primera década de 2000. El nombre de la muestra se relaciona directamente con el “choque” visual, con la “interferencia” que se genera entre el relato lineal y cronológico de la colección permanente del museo.
Interferencias se presenta para celebrar los 25 años de la Feria Internacional de arte arteBA e incluye obras de León Ferrari, Jorge Gamarra, Daniel García, Teresa Pereda, Santiago Porter, Juan Carlos Romero y Clorindo Testa, junto con piezas incorporadas recientemente a la colección de Pablo Siquier y Cristina Piffer, donación de Fundación arteBA; de Feliciando Centurión donación de su familia, de Mónica Millán, cedida por la artista y del colectivo Mondongo en préstamo para la ocasión.
La propuesta de la muestra busca desestructurar algunas miradas sobre el arte. En esta se puede observar cómo han cambiado a lo largo de los años las diversas expresiones artísticas sin perder valor o significado. Se puede observar claramente las diferencias entre arte tradicional y contemporáneo pero de todos modos esta convivencia que se genera en esta oportunidad sorprende pero sin llegar a parecer o resultar “inadecuada”. Se trata de una invitación a otros recorridos poniendo estas supuestas contradicciones a la vista de los espectadores demostrando que una convivencia es posible. El museo se transforma en el interlocutor entre ambas expresiones, logrando también una observación más profunda sobre su propia colección, tomando distancia de la “clásica” mirada sobre el arte.
Quizás la obra que más me impactó fue la de Mónica Millán, no solo por su extensión sino también por los materiales elegidos por la artista, por el clima que genera en el salón; la obra consiste de una plataforma donde se pueden observar flores de diversos colores, tamaños tejidas con diferentes lanas, escuchándose de fondo algunos de los sonidos de la naturaleza. Al entrar al salón la obra llama rápidamente la atención, en primer lugar porque irrumpe con el “orden establecido” del museo, encontrándose en el medio del salón, cuando se acostumbra a que todo lo expuesto se encuentre sobre o contra las paredes, y también porque la composición de la misma, materiales, sonidos, la estética en su totalidad difiere muchísimo de lo que se espera en un lugar así. De todos modos lo llamativo en mi opinión, es que a pesar de este fuerte contraste no deja de alguna manera de contribuir a la cualidad y calidad artística que se percibe por todo el museo.

 

La propuesta de la muestra busca desestructurar algunas miradas sobre el arte. En esta se puede observar cómo han cambiado a lo largo de los años las diversas expresiones artísticas sin perder valor o significado. Se puede observar claramente las diferencias entre arte tradicional y contemporáneo pero de todos modos esta convivencia que se genera en esta oportunidad sorprende pero sin llegar a parecer o resultar “inadecuada”. Se trata de una invitación a otros recorridos poniendo estas supuestas contradicciones a la vista de los espectadores demostrando que una convivencia es posible. El museo se transforma en el interlocutor entre ambas expresiones, logrando también una observación más profunda sobre su propia colección, tomando distancia de la “clásica” mirada sobre el arte.

Quizás la obra que más me impactó fue la de Mónica Millán, no solo por su extensión sino también por los materiales elegidos por la artista, por el clima que genera en el salón; la obra consiste de una plataforma donde se pueden observar flores de diversos colores, tamaños tejidas con diferentes lanas, escuchándose de fondo algunos de los sonidos de la naturaleza. Al entrar al salón la obra llama rápidamente la atención, en primer lugar porque irrumpe con el “orden establecido” del museo, encontrándose en el medio del salón, cuando se acostumbra a que todo lo expuesto se encuentre sobre o contra las paredes, y también porque la composición de la misma, materiales, sonidos, la estética en su totalidad difiere muchísimo de lo que se espera en un lugar así. De todos modos lo llamativo en mi opinión, es que a pesar de este fuerte contraste no deja de alguna manera de contribuir a la cualidad y calidad artística que se percibe por todo el museo.


En mi opinión esta muestra verdaderamente representa una forma de intervención espacial, ya que desde una perspectiva más conceptual invita a sus espectadores a replantarse esta posible convivencia entre arte tradicional y contemporáneo. Convivencia que actualmente se traduce en una relación de poderes, una competencia entre ambas partes para elegir a un solo ganador, a una expresión por sobre la otra. En esta oportunidad se abre un espacio para una relación armónica. Una relación donde no solo convive el arte y la historia del arte, sino la propia historia del hombre.
Pensando en cómo relacionar esto a una propuesta para los niños tomaría lo planteado anteriormente. Lo propondría cómo una oportunidad para que los niños puedan encontrar las diferencias y similitudes entres ambas expresiones artísticas, posiblemente centrándome específicamente  en algunas obras previamente elegidas; para junto con ellos encontrar este “punto de encuentro” este diálogo entre ambas. 


domingo, 5 de junio de 2016

"La menesunda"

La obra de Marta Minujín que se encuentra en el Museo de Arte Moderno es una reconstrucción de aquella que se realizó en 1965 en el Centro de Artes Visuales del Instituto Torcuato Di Tella. Su título significa “situación difícil o embarazosa”. La idea central de esta obra es provocar diversos estímulos, confrontando, incomodando y sorprendiendo a sus espectadores.

“La Menesunda” propone un recorrido por diversos salones, cada uno con una propuesta diferente que interpela al espectador de inicio a fin, a través de sus sentidos. Tiene un solo recorrido ya armado previamente que se debe respetar, y a lo largo de este no solo se pueden encontrar objetos e instalaciones sino que también cuenta con la participación de personajes.


La experiencia de “La Menesunda” comienza atravesando una puerta cuya entrada consiste de una silueta humana, luego se continúa subiendo unas escaleras hacia un cuarto donde se encuentran televisores adheridos a la pared. En algunos de ellos se observa un recorte de algún programa televisivo o una suerte de “interferencia”, todo en blanco y negro. Al llegar a ese espacio instintivamente me acerco a los aparatos esperando algo, sin saber qué. Para mi sorpresa nada extraordinario sucede y continúo con el recorrido. En contraste con la penumbra del cuarto anterior, bajo por unas escaleras y llego a un cuarto donde se encuentra una pareja conversando en su cama. Del cuarto me dirijo a un pasillo lleno de luces de colores, en cada una de sus superficies, formando diversos garabatos. En un principio casi automáticamente cierro los ojos y retrocedo un poco ante tanta claridad, necesitando unos segundos para lograr acostumbrarme.  Luego miro hacia las paredes y el techo buscando alguna imagen reconocible pero no encuentro ninguna. Vuelvo a subir por las mismas escaleras y me dirijo hacia unas nuevas llena de esponjas pegadas en sus paredes. Sigo hacia un salón donde diversos objetos de belleza se encuentran adheridos a todas las paredes dando la sensación de estar dentro de un “salón de belleza”. En este salón se encuentra una señorita y me indica como continuar mi recorrido. Siguiendo sus instrucciones llego a un cilindro cuyo perímetro se encuentra cubierto por tiras de tela, de plástico. Una de las salidas del cilindro conduce a un cuarto en el que cuelgan unas bolsas de color piel con forma de “tripas” o “intestinos” y de fondo se escuchan ruidos similares a cloacas goteando. Para lograr salir es necesario retroceder y volver al cilindro.




















A continuación me dirijo al próximo pasillo, el cual se encuentra cubierto por pedazos de goma espuma en sus paredes y su piso cubierto por una tela dando una sensación de piso “movedizo”. Para salir de ese pasillo hay que pasar por una pequeña puerta que tiene un cartel donde se lee “empuje”. Un poco dubitativa empujo la puerta y me encuentro con una heladera. En realidad lo primero que veo es la puerta de una heladera, miro a mi alrededor y no hay nada más, decido abrir la puerta y a continuación me encuentro en un cuarto impecablemente blanco y frío, una verdadera “heladera”. No hay absolutamente nada, solo la blancura de las paredes, el techo y el repentino frío que todo lo envuelve. De pronto siento que el ambiente es demasiado pequeño y un leve miedo a quedarme encerrada aparece. Rápidamente decido salir y me encuentro con algo inesperado. Un tablero en la pared con números, y un cartel que al leerlo comienzo a sentirme un poco nerviosa. Este explica que para poder salir debo apretar el número correcto y abrir la puerta que se encuentra debajo del tablero al escuchar la chicharra. Mientras tanto de fondo suena una grabación similar a una cuenta regresiva. Instantáneamente empiezo a apretar TODOS los botones, hasta que escucho la chicharra y con un poco de alivio me dirijo al lo que será el último tramo del recorrido. Un cuarto de espejos con ventiladores y papel picado volando por todos lados. Luego de la ansiedad previa, el viento, los papeles y mi cara vista desde muchas perspectivas, me relajo y divierto un poco jugando como una niña.

 En mi experiencia pude vivir esta sensación de “incomodidad” que espera generar la artista. A medida que iba avanzando esa sensación iba aumentando; en un primer momento más relacionada a la ansiedad de no saber qué iba a encontrar y luego intentando absorber o “capturar” la esencia de lo que pasaba a mi alrededor. La experiencia creo yo, logra ser un poco abstracta, pero fue en esas situaciones en las que me pude dar cuenta cuan acostumbrados estamos a encontrarle un significado racional y válido a todo. De alguna manera se generaba en mí un conflicto entre el intento por comprender y el constante estímulo sensorial. En esta gran instalación resulta demasiado complejo encontrar la literalidad y él porque de cada cosa. Para mí fue necesario despegarme de esta idea para disfrutar y dejar que la experiencia fluya. Casi de forma inconsciente mis sentidos permanentemente buscaban un nuevo estímulo o esperaban algo nuevo, encontrándome yo al mismo tiempo en un estado de “alerta”.
Toda la estructura, la forma en que está planteado el recorrido invitan a la exploración, la manipulación y también en determinados espacios al juego. Podría concluir afirmando que verdaderamente fue una experiencia generadora de sensaciones.
Pensando en realizar esta salida con niños de nivel inicial, primero consideraría introducirlos en lo que son las “instalaciones artísticas”, para que ellos al explorar y realizar el recorrido lograran interpretarlo como algo más que un “juego”. Esto se podría lograr a través de actividades sensoriales, ya que lo que plantea la obra es un “gran disparador” sensorial. Debido a que explicar su significado resultaría muy complicado, la mejor forma de preparar a niños pequeños posiblemente sea la de “invitarlos” a vivir esta novedosa experiencia. Quizás resulte conveniente, centrarse en algunos de los espacios propuestos; debido a la gran dimensión de esta instalación, hacer foco en su totalidad resultaría confuso. Así también se podría plantear la posibilidad de luego “recrear” uno de los espacios elegidos por los chicos en el jardín, realizando su propia instalación. 

El juego corporal

La última conferencia de la OMEP estuvo a cargo de Daniel Calmels, "El juego corporal", quien comienza hablando sobre las manifestaciones corporales, asegurando que sin ellas no hay cuerpo de la expresión y comunicación, y la importancia de ambas para el desarrollo del juego.
A partir de esto comienza a nombrar y enumerar las características del jugar. Estas se clasifican en once:
- Como si, ficción, imaginación: el jugar como nutriente de la imaginación. Permite a los niños introducirse en la ficción y esto está presente en los intercambios lúdicos corporales. Jugando se transforma lo concreto, jugar le permite el cuerpo mentir sin engañar.
- Comparación: jugando el niño reduce las diferencias y destaca las similitudes entre  los objetos. Crea parentesco entre los objetos del mundo.
- Distanciamiento – Encuentro: jugar es una praxis que nace cercana al cuerpo del otro y al mismo tiempo distanciándose de ese cuerpo.
- Posición activa de lo vivido pasivamente: jugando el niño pone afuera, expresa, muestra sus temores y encuentra las herramientas para reducir miedos.
- Corporización de los objetos: jugar favorece el dominio y corporización de los objetos cotidianos desde la lógica de la eficacia.
- Construcción del cuerpo: en el jugar hay construcción de corporeidad, permite ensayar formas actitudinales, gestuales, táctiles etc.
- Interacción con el otro: jugar favorece la comunicación con el otro, implica acordar, compartir, disentir.
- Legado cultural, interacción del adulto y el niño: jugar le permite al niño entrar al mundo común de la cultura, con juegos consolidados a través de generaciones.
- Placer: jugar es una práctica placentera, se aleja de la obligación, del deber hacer.
- Integrar un grupo: jugar convoca al diálogo, se aprende jugando con otro.
- Creatividad: jugar es una fuente inagotable que nos convoca a poner en movimiento nuestro archivo imaginario.

A continuación hace referencia al “derecho a crear”, que no existe como tal, pero podríamos entenderlo como la habilitación de las diversas formas donde se gesta la creatividad. A partir de esto explica que jugar no es todo sino que se relaciona con una temporalidad que es “el hacer”, y toma una frase de Winnicott: “Para dominar lo que está afuera es preciso hacer cosas, no sólo pensar o desear, y hacer cosas lleva tiempo. Jugar es hacer”.
Luego toma el tema de los juegos corporales, como aquellos que estimulan y actualizan ciertos miedos básicos y en el mismo acto las herramientas para elaborarlo. Nombra los miedos básicos de acuerdo a cada uno de los juegos de crianza, pérdida de la referencia táctil (juegos de sostén), pérdida de referencia visual (juegos de ocultamiento), la pérdida de un “refugio” confiable (juegos de persecución);  hace referencia a estos como similares a las acciones que se reproducen en los juegos de plaza y explica cómo los juegos tecnológicos actuales están basados en los juegos corporales de persecución y confrontación.
Concluye afirmando que para lograr jugar es necesaria la presencia de una actitud lúdica, es decir disponerse a participar con todo lo que se tiene, con el cuerpo, con los gestos, Calmels asegura “jugar es estar disponible”.



miércoles, 25 de mayo de 2016

“El cuerpo del niño y del maestro en la escuela infantil”

Este panel de la OMEP estaba compuesto por Ana María Porstein, Patricia Goicochea, Ricardo Crisorio y Erika Chokler.
La primera en presentar fue Ana María Porstein quien denominó su ponencia “El juego corporal de cambio de posiciones en los niños de 0 a 2 años. De la espontaneidad a la agenda de la sala. Posibilidades y prejuicios”.
Porstein comienza hablando sobre las posturas de los bebés y qué sienten según la posición en la que se encuentran, es decir que sensaciones les generan, placer, dolor.
A partir de esto hace foco en el rol del docente en el Jardín Maternal como habilitador, brindándoles a los niños posibilidades de movimiento y exploración, a través de las diversas posiciones que pueden generar, sin limitar su accionar. Nombra como mejor posición, según su criterio la de panza arriba, siendo esta la que menor incomodidad produce en los bebés, explicando como la incomodidad genera tensión la cual deriva rápidamente en displacer.
Acá va la foto!
En algunas de las diapositivas que mostraban se podían observar fotos de bebés en distintos dispositivos creados para el confort y la autonomía, esto ella lo cuestiona fuertemente, preguntándose si realmente permiten el movimiento y si en verdad no coartan la libertad corporal de los niños. Cuestiona a su vez el tiempo que en la actualidad, tanto en sus casas, como en las diversas instituciones a las que asisten, se encuentran los bebés depositados en dichos dispositivos. Luego de ver estás fotografías afirma que si no hay exploración no hay descubrimiento, si no hay descubrimiento no hay reiteración, y si no hay reiteración no hay conocimiento.  Los niños deben estar cómodos para poder explorar, de esta manera comienzan a elaborar la seguridad sobre su propio cuerpo. Un niño incómodo no puede sentir su cuerpo consecuentemente no puede usarlo.
Según Porstein deben poder construir autónomamente, espontáneamente jugando con su cuerpo y así convertirse en niños exploradores.

La segunda ponencia estuvo a cargo de Patricia Goicochea quien presentó “Moverse con otros en la ludoteca escolar. Los universos lúdicos en la escuela”.
Comienza contando un poco sobre la ludoteca que ella coordina en una escuela pública, y como el juego es en verdad “la punta de algo más”
Hace referencia a la acción lúdica a través de objetos que pueden ser transformados al jugar, objetos que se convierten en juguetes y permiten a los chicos transformarse en jugadores logrando distintos modos de interactuar.
Habla de la ludoteca como un espacio de invención donde se generan distintos modos de mirar e interactuar. Luego comienza a enfocarse en el juego y como se crean “mundos externos e internos” durante su desarrollo, y como en un principio para el ojo ajeno simplemente se puede observar caos, para a continuación volver a una restauración del orden. Ella explica esta situación como algo que suele suceder en este espacio que coordina, un espacio que no solo llama a la acción sino que también refugia y ampara. Los jugadores según Goicochea no solo participan jugando, además conocen y se dan a conocer en este universo de significados. Universo en el cual el juego es intangible, no se termina de descubrir. Es efímero, tiene un comienzo y un final, es un “mundo breve”, ficticio pero verdadero, teniendo la posibilidad de volver y empezar nuevamente para resignificar los objetos.
Termina su ponencia afirmando que jugar es esforzarse, es llegar a acuerdos, sacar, es un “trabajo” placentero. Jugar significa una autogestión, una regulación.
“Creer y crear, sino no creo no juego”.

La tercer ponencia fue la de Ricardo Crisorio “El cuerpo de las prácticas corporales”. Crisorio hace hincapié en el cuerpo construido a partir de un conjunto de prácticas. Explica que no nacemos con un cuerpo, sino que este se constituye porque hablamos, por la facultad del lenguaje que produce prácticas y en estas se constituye el cuerpo y el sujeto. Habla del mundo que existe antes del cuerpo, un mundo no natural ya construido donde se desarrollan las prácticas. Este mundo no depende sólo de los niños, son los adultos los que toman protagonismo y aparecen como referentes.
Estas prácticas son las que hacen a los hombres, son mucho más que solo prácticas, determinan que seres humanos vamos a hacer, que cuerpos vamos a hacer. Hace foco en la idea de cuerpo como algo mucho más que solo un organismo.
Luego comienza a hablar del juego como contenido no como recurso para algo más. El habla de jugar como medio para vivir la vida y lo relaciona con las prácticas corporales y la actitud lúdica. Toma al juego como una práctica corporal y también cultural afirmando que “la práctica no es lo que los hombres hacen, es lo que hace a los hombres”.

La última en hablar fue Erika Chokler, “El cuerpo docente y el docente y su cuerpo”. Chokler centró su ponencia en el lugar del docente y la importancia de cómo se forman a los formadores.
Explica la función del cuerpo como comunicador, como mapa donde todo queda inscripto, ella afirma que es un espacio que habla de nosotros, de nuestra cultura de nuestra historia.
Cuestiona la idea que hay de niño, la idea que se transmite, qué tipo de comunicación les damos, y qué posibilidades se les dan a los niños de verse y encontrarse.
En referencia a esto reflexiona sobre la comunicación y como utilizamos el cuerpo al momento de comunicarnos. Resalta la importancia de acompañar, invitar, compartir, comprometerse cuando hablamos con el cuerpo, siendo el adulto el responsable de ese espacio de comunicación, cuando explica “…la importancia de la relación cuerpo a cuerpo, de estar presente”, más específicamente habla de una verdadera implicación, de estar presente para otros, con otros y a pesar de otros. La actitud del adulto debe ser de interés por lo que hace el niño y así lograr el interés del niño por el adulto compartiendo una relación en el espacio un “hacer juntos”. El compromiso, dice Chokler, se ve en las posturas, se ve en el cuerpo. Para esto es necesario descubrir, los adultos, como somos, quienes somos y también sentirnos escuchados y comprendidos, uno puede contener cuando se siente contenido. Concluye afirmando que para poder captar y percibir a los otros primero hay que estar “abiertos” al encuentro y con lo que somos construir espacios para interactuar.

En este panel todas las ponencias hacían un vaivén de bagaje teórico constante pero, llamativamente  lo más importante creo yo fue que, toda esa teoría estaba relacionada a situaciones cotidianas conocidas por todos y eso facilitaba su comprensión. No hubo situaciones incomprensibles o espacios grises de confusión, sino que constantemente se iba de la teoría a experiencias del día a día.




miércoles, 11 de mayo de 2016

El cuerpo en juego en la Educación Infantil



En el primer panel de ponencias del sábado en la OMEP, se presentaron Perla Jaritonsky, Rosa Windler y Victor Pavía, con Rosa Violante de coordinadora.

Comenzó hablando Rosa Windler sobre “El desarrollo corporal y la construcción de la subjetividad”. Hizo un recorrido histórico sobre lo que fue a lo largo del tiempo la concepción de cuerpo para sociedad, explicando cómo se ha llegado a la concepción actual. Resalta como datos e información importante como se pensaba al cuerpo en la Edad Media, como carga, sufrido, que debe seguir un adoctrinamiento para lograr salvar el alma, y cómo fue cambiando hasta llegar a la Edad Moderna en la que el cuerpo se transformó en un contenedor de sustancia pensante relacionando su existencia a la razón.
Llegando al S XX el cuerpo comienza a ser pensado como una “carta de presentación”.
Una vez finalizado este recorrido, Windler comienza a explicar la importancia del cuerpo no ya como un objeto a ser estudiado o un mero instrumento, sino como parte del ser, como parte de un sujeto. Reconociendo esto no solo en los adultos sino también en los niños, y reconociendo la importancia de los vínculos y de los otros en la constitución de la subjetividad, “…nuestra identidad inicia cuando el niño toma conciencia de su cuerpo”.
Resalta la importancia que como adultos y educadores tenemos frente a bebés, niños y niñas, sujetos que no solo necesitan de sus familias sino que también necesitan del afecto y la contención del afuera. Sujetos cuya imagen corporal se construye a partir del aporte de los otros.
“No hay proceso de desarrollo, sin proceso de aprendizaje y no hay proceso de aprendizaje si no hay proceso de enseñanza”.

La segunda ponencia fue la de Victor Pavía “Los juegos motores como acción mediada, el cuerpo pixelado”.
Para comenzar  empieza haciendo algunas preguntas que automáticamente resuenan en nuestros oídos dándole una nueva perspectiva a aquello que realizamos cotidianamente en la escuela. “¿Qué clase de jugadores son los adultos que juegan con niños? ¿Qué le agrega la escuela a la posibilidad de jugar con otros? ¿Experto en juego o experto jugador?” Es la última pregunta la que llama considerablemente mi atención. Pavía inmediatamente cuestiona si es posible ser ambos, haciendo una diferencia entre “enseñar y mostrar” y “juguemos juntos”, poniendo de esta manera al cuerpo como protagonista de esta gran diferencia y cuán necesario es el contacto con el otro, cuán importante es poder sentir al otro, sentirse tocado. “Registrar que registran que los registran”. En todo momento resalta la importancia del cuerpo como medio para llegar a ese contacto, como el vínculo que logra captar ese registro, y como el cuerpo cuenta todo y es atravesado por todo.
Luego de explicar la importancia retoma una de las preguntas iniciales sobre el lugar del adulto en el juego de los niños y utiliza una metáfora en la cual relaciona la formación de los maestros con el juego “Lobo está”, y como es que el adulto espera que los niños por ser niños partan de su imaginación y corran por sus “bosques” cuando el lobo sale a buscarlos, pero en la propia formación docentes no hay “bosques” para jugar, no hay espacios para pensar “bosques”. Todo esto se vincula a las posibilidades que les damos a los niños de hacer real el derecho al juego en la escuela, involucrando no solo sus cuerpos, sino todos los cuerpos, todos ponemos nuestros cuerpos en juego, en el juego.

La última ponencia fue la de Perla Jaritonsky “Desarrollo de la sensibilidad corporal. Hacia el inicio de experiencias estéticas vinculadas con la danza para todos”.
Jaritonsky se detiene en el cuerpo como medio de comunicación, a través de la expresión corporal, no solo con los otros sino también con uno mismo, pensando en esta como una experiencia de exploración, de vivencia, sugiriendo invitar siempre que sea posible a los niños a vincularse de esta forma.
Partiendo de esta idea toma al cuerpo del adulto como posibilitador de experiencias, puntualmente en este caso con los bebés. Bailar, sostener, mecer etc., mostrándose como modelo para mediante la imitación lograr compartir y seguir el juego y más importante aún generar encuentros con otros.
Puntualiza como es necesario ofrecer a los bebés y niños para que se inicien en las diferentes experiencias estéticas a través de la exploración sensible y las acciones que realizan con su cuerpo, toques, miradas, caricias, para ayudar a construir la subjetividad.
Jaritonsky dice “soy cuerpo presente en cada acción”, y así enfatiza la importancia de las vivencias estéticas en los niños y el rol de adulto como habilitador de estas.

Al finalizar las tres ponencias Rosa Violante cierra la conferencia tomando los aspectos más importantes de cada una, el lugar del cuerpo en la Educción Infantil y al juego como facilitador de la comunicación entre niños y adultos.

martes, 10 de mayo de 2016

"¡A jugar y bailar!"

“¡A jugar y bailar!” A partir del juego…Empieza el baile en este jardín maternal. Estrategias docentes des inhibitorias y socializadoras, por Ana María Porstein y Diego Larrigaudiere.

Con las bajas temperaturas de ese sábado por la mañana, uno creería que quedarse descalzo, no iba a ser uno de los requisitos para participar de unos de los talleres de la OMEP, pero pensándolo dos veces y releyendo el titulo de este…  no puedo evitar pensar “que fiaca esto”. Con muy pocas ganas y cierta resistencia que me recorre el cuerpo de pies a cabeza, me saco los zapatos y dejo mi campera y mochila sobre un banco de madera.

Ya descalza y con mucho frío recorro el aula, donde se llevará a cabo el taller con la mirada, para rápidamente vislumbrar  telas de distintos colores y texturas, tiras de totora y elásticos atravesando todo el espacio, llegando a cada rincón de este nuevo lugar. En el piso hay una gran cantidad de planchas de cartón, y queriendo tener una visión más panorámica de la situación me quedo “afuera” de esta foto y observo. Son milésimas de segundo lo que tardo en enderezarme, abrir el pecho y decidir dejar mi pereza junto con mis cosas.


Rápidamente el aula se llena de gente y comienza el juego. Se presentan sin mucha introducción Ana María Porstein y Diego Larrigaudiere, y dan las primeras indicaciones para este particular encuentro. “Jueguen con todo lo que encuentran en el espacio, recorran”, siendo esta una primera indicación bastante amplia, decido seguir con mis dedos los caminos que las tiras de totora van marcando, hasta llegar a una grandísima tela amarilla brillante. Es tal la atracción que la tela me genera, y no solo a mí porque miro al costado y veo a otra chica con la misma expresión de picardía que yo, que inevitablemente me agacho y la agarro de un borde mientras la otra chica hace lo mismo, y en lo que dura un suspiro miro a mi alrededor y me encuentro que ya somos muchas las que saltamos eufóricamente abajo del gran paracaídas haciéndolo volar una y otra vez.
Así con total libertad empieza este juego, juego en el que los adultos como dijo Diego “jugamos como adultos, no como chicos”, porque para verdaderamente poder jugar con los chicos hay que jugar como quienes somos, adultos con ganas de jugar, adultos que no necesitan no tener miedo a hacer el ridículo, porque jugando nunca lo haremos, porque jugando somos libres, libres de elegir quien queremos ser, libres de tener miedo, libres expresarnos, o simplemente libres de observar y disfrutar de lo que los demás hacen.  Jugando nos vamos de paseo, viajamos y recorremos nuevos mundos, nuestro nuevo mundo, o el nuevo mundo de alguien más. Jugando construimos nuevos mundos juntos, de a dos, de a tres, jugando somos parte de un mundo en el que todos podemos ser constructores.
Dentro de lo planificado por los creadores de esta propuesta, no quedó nada afuera. La música acompañaba el movimiento, los materiales no estructurados llamaban a la creatividad y la imaginación de todas nosotras, y cada una de sus intervenciones fue la justa y necesaria. Jugamos con los materiales, los exploramos, jugamos en parejas, en grupos, nos subimos a trenes, creamos nuestros propios refugios y nos enfrentamos a nuestros miedos. Fue en ese momento, en el que Diego o mejor dicho “el fantasma” nos hizo sentir nuevamente como niños, cuando se acercó con una tela tapándole la cabeza e instintivamente todas nos replegamos para los costados. Porque en ese juego el era nuestro fantasma y fue necesaria la valentía de algunas para desenmascararlo y despojarnos de ese miedo, para luego todas juntas, con Ana María, sentirlo y tocarlo con nuestras propias manos como si por un momento fuera solo eso, una tela que está ahí esperando para envolvernos, si es que nosotras no la agarramos primero y de a poco la vamos corriendo, la vamos soltando.
Luego de ese momento, el cual a pesar de estar todas acurrucadas bajo una pequeña tela, fue realmente íntimo nos dispusimos todos juntos a jugar con el paracaídas. La consigna principal fue la de movernos todos juntos, encontrando el equilibrio entre un grupo de desconocidos para ser parte de algo tan conocido como es el juego.
A continuación todos nos sentamos para conversar y compartir lo que la propuesta nos había generado, para escucharnos entre todos, Ana María y Diego incluidos quienes estaban más que satisfechos con el encuentro.
Un encuentro, fue realmente eso, un encuentro de personas, de sujetos, quienes cada uno con su historia, con sus saberes previos, con sus experiencias tuvo la posibilidad de vivir ese momento como  pudo, como quiso, como le salió. Salieron sentimientos, emociones, movimientos, gestos, voces, y fue la unión espontánea y real de todo lo que nos hace más que simples cuerpos que se mueven en el espacio, fue un momento en el que fuimos más que cuerpos compuestos por partes que hacen a un todo, fuimos sujetos en su mayor simpleza, sujetos libres. Libres de expresarse, de comunicarse despojados de nuestras inhibiciones, dejándonos llevar por eso tan preciado, buscado y pedido por todos los niños, el juego.




En la ciudad de los libros

Llegar y querer todo, o casi todo. Eso es la Feria del Libro. Todos los libros juntos en un solo lugar, listos para ser chusmeados, hojeados y adquiridos.
Este año tuve la suerte de poder ir a la feria en día de semana y la experiencia fue completamente diferente a las anteriores. Llegar y no saber por dónde empezar fue lo que me pasó, por lo que empecé a caminar buscando los stands de las editoriales que me interesaban para empezar a organizarme y armarme un recorrido sin perder tiempo.

Estaban todas las editoriales infantiles (o líneas de las grandes editoriales) que más me gustan, Kalandraka, Una Luna, Quipu, El zorro Rojo, La brujita de Papel, Fondo Económico de Cultura, Océano, Edelvives entre otras. De a poco e intentando dividir equitativamente el tiempo que tenía, fui pasando y entrando a todos. Verdaderamente es una gran oportunidad de tener contacto y alcance de la mano muchos libros que posiblemente en las librerías no se van a encontrar, o por lo menos no todos en un mismo lugar. Es así como aparece la chance de comparar una misma historia, como por ejemplo las de los cuentos tradicionales y ver las diversas publicaciones que hay. También por supuesto que es un excelente momento para conocer historias y cuentos nuevos, como a su vez empezar de a poco a reconocer y recordar nombres de autores, de ilustradores y por supuesto de las mismas editoriales.
Cada uno de los stands era distinto y estaba diseñado y decorado de un modo particular, algunos eran muy grandes otros más pequeños, de colores variados. Si se podía observar que cada uno tenía una estética vinculada a la estética de la editorial, y en muchos de ellos se podían ver imágenes de los personajes que forman parte de algunos de sus cuentos. En el caso de los libros para chicos prácticamente en todos los stands se encontraban expuestos del mismo modo que los podríamos encontrar en la biblioteca de una sala, apoyados con su tapa a la vista.  
Una de las ventajas a tener en cuenta al momento de decidir si llevar o no algún libro, es que en la feria por ser docente, llevando un recibo, en la gran mayoría de las editoriales  hacen descuentos. También se presenta la oportunidad, si uno busca en el cronograma, de conocer a diferentes autores, ya sea porque se organizan las presentaciones de algunos libros o porque se acercan a alguno de los stands para firmar copias de sus publicaciones.

Mi apreciación personal fue la de sentirme un poco abstraída del resto del mundo, por lo menos en ese tiempo que pude disfrutar de la feria. Me deje llevar por el recorrido que se “presenta” por la forma en que está organizado el espacio, si quizás como crítica constructiva podría decir que en repetidas ocasiones se generó una suerte de “congestión”. Había muchas personas que se llevaban libros para las bibliotecas populares; cada editorial podía estar o no adherida a un programa que les permite a las bibliotecas buscar libros para chicos creería que de forma gratuita. Pero el inconveniente que surgió de esta situación fue que estas personas, con cajas llenas, literal, de distintos libros pasaban para registrar lo que se llevaban por la misma caja que el resto de los “mortales” que decidíamos llevarnos con suerte un par de libros. Por esto los stands se superpoblaban y era tediosa la espera.
Rescato de todos modos, la iniciativa de las editoriales por abastecer estos espacios mágicos, como lo son las bibliotecas, con las infinitas posibilidades de imaginar y disfrutar que los libros les pueden brindar a los chicos.

Como adulta ahora, y no tan parada en una postura docente, la feria creo yo, es una posibilidad de entusiasmarse con la lectura, y descubrir para los que no lo habitúan, un mundo paralelo al que conocemos, y perderse en nuevas y diferentes realidades, es la chance de encontrarse e identificarse con un personaje o historia y sentirse “casi” parte de algo que pudo haber pasado hace muchos años, o que puede estar pasando en un lugar muy lejano. Es dejarse llevar por esa corriente de palabras e imágenes que circula por cada pasillo, es despertar los sentidos entablando casi una relación con ese nuevo objeto que alimentará nuestro cuerpo. Es levantarse del sillón, apagar la tele y recordar el poder de las palabras, palabras que resuenan en nuestra cabeza, con nuestra voz o la de quien nosotros queramos, palabras que dibujan imágenes tan propias y personales que jamás habrá dos iguales.
De esta misma forma creo que la feria interpelará a cada niño que la recorra y participe de ella. Cada uno podrá entablar su propia relación con la literatura, ya que para los más pequeños lo que se ofrece son primordialmente libros con páginas llenas de palabras, grandes, chiquitas, en mayúscula, minúscula, y de todos los colores, que comparten protagonismo con la más grande variedad de imágenes, ilustraciones para que de la mano de autores e ilustradores comiencen su recorrido por este nuevo mundo lleno de infinitas posibilidades.

Teniendo en cuenta que los niños no tienen, tanto en sus escuelas como en sus casas, la variedad de libros que pueden encontrar en la feria, ir con ellos puede lograr despertar su interés, y ver que hay muchos más libros que los que ven a diario en la biblioteca de la sala. Creería de todos modos que lo más conveniente, para poder hacer una salida con los chicos, sería participar de alguna de las actividades lúdicas que propone la feria, para luego recorrer algunos de los stands a modo de espacios de lectura. Siempre entendiendo y recordando que si llevamos a los niños será para que puedan tocar y tener un contacto real con los libros, si los llevamos pidiéndoles que tengan extremo cuidado a tal punto que no puedan explorarlos esta gran oportunidad carecerá de sentido.