La
obra de Marta Minujín que se encuentra en el Museo de Arte Moderno es una
reconstrucción de aquella que se realizó en 1965 en el Centro de Artes Visuales
del Instituto Torcuato Di Tella. Su título significa “situación difícil o embarazosa”.
La idea central de esta obra es provocar diversos estímulos, confrontando,
incomodando y sorprendiendo a sus espectadores.
“La
Menesunda” propone un recorrido por diversos salones, cada uno con una
propuesta diferente que interpela al espectador de inicio a fin, a través de
sus sentidos. Tiene un solo recorrido ya armado previamente que se debe
respetar, y a lo largo de este no solo se pueden encontrar objetos e
instalaciones sino que también cuenta con la participación de personajes.
La experiencia de “La Menesunda” comienza atravesando una puerta cuya
entrada consiste de una silueta humana, luego se continúa subiendo unas
escaleras hacia un cuarto donde se encuentran televisores adheridos a la pared.
En algunos de ellos se observa un recorte de algún programa televisivo o una
suerte de “interferencia”, todo en blanco y negro. Al llegar a ese espacio
instintivamente me acerco a los aparatos esperando algo, sin saber qué. Para mi
sorpresa nada extraordinario sucede y continúo con el recorrido. En contraste
con la penumbra del cuarto anterior, bajo por unas escaleras y llego a un
cuarto donde se encuentra una pareja conversando en su cama. Del cuarto me
dirijo a un pasillo lleno de luces de colores, en cada una de sus superficies,
formando diversos garabatos. En un principio casi automáticamente cierro los
ojos y retrocedo un poco ante tanta claridad, necesitando unos segundos para
lograr acostumbrarme. Luego miro hacia
las paredes y el techo buscando alguna imagen reconocible pero no encuentro
ninguna. Vuelvo a subir por las mismas escaleras y me dirijo hacia unas nuevas
llena de esponjas pegadas en sus paredes. Sigo hacia un salón donde diversos objetos
de belleza se encuentran adheridos a todas las paredes dando la sensación de
estar dentro de un “salón de belleza”. En este salón se encuentra una señorita
y me indica como continuar mi recorrido. Siguiendo sus instrucciones llego a un
cilindro cuyo perímetro se encuentra cubierto por tiras de tela, de plástico. Una
de las salidas del cilindro conduce a un cuarto en el que cuelgan unas bolsas
de color piel con forma de “tripas” o “intestinos” y de fondo se escuchan
ruidos similares a cloacas goteando. Para lograr salir es necesario retroceder
y volver al cilindro.
A
continuación me dirijo al próximo pasillo, el cual se encuentra cubierto por
pedazos de goma espuma en sus paredes y su piso cubierto por una tela dando una
sensación de piso “movedizo”. Para salir de ese pasillo
hay que pasar por una pequeña puerta que tiene un cartel donde se lee “empuje”.
Un poco dubitativa empujo la puerta y me encuentro con una heladera. En
realidad lo primero que veo es la puerta de una heladera, miro a mi alrededor y
no hay nada más, decido abrir la puerta y a continuación me encuentro en un
cuarto impecablemente blanco y frío, una verdadera “heladera”. No hay
absolutamente nada, solo la blancura de las paredes, el techo y el repentino
frío que todo lo envuelve. De pronto siento que el ambiente es demasiado
pequeño y un leve miedo a quedarme encerrada aparece. Rápidamente decido salir
y me encuentro con algo inesperado. Un tablero en la pared con números, y un
cartel que al leerlo comienzo a sentirme un poco nerviosa. Este explica que
para poder salir debo apretar el número correcto y abrir la puerta que se
encuentra debajo del tablero al escuchar la chicharra. Mientras tanto de fondo
suena una grabación similar a una cuenta regresiva. Instantáneamente empiezo a
apretar TODOS los botones, hasta que escucho la chicharra y con un poco de
alivio me dirijo al lo que será el último tramo del recorrido. Un cuarto de
espejos con ventiladores y papel picado volando por todos lados. Luego de la
ansiedad previa, el viento, los papeles y mi cara vista desde muchas
perspectivas, me relajo y divierto un poco jugando como una niña.
Toda
la estructura, la forma en que está planteado el recorrido invitan a la
exploración, la manipulación y también en determinados espacios al juego. Podría
concluir afirmando que verdaderamente fue una experiencia generadora de
sensaciones.
Pensando
en realizar esta salida con niños de nivel inicial, primero consideraría introducirlos
en lo que son las “instalaciones artísticas”, para que ellos al explorar y
realizar el recorrido lograran interpretarlo como algo más que un “juego”. Esto
se podría lograr a través de actividades sensoriales, ya que lo que plantea la
obra es un “gran disparador” sensorial. Debido a que explicar su significado
resultaría muy complicado, la mejor forma de preparar a niños pequeños posiblemente
sea la de “invitarlos” a vivir esta novedosa experiencia. Quizás resulte conveniente,
centrarse en algunos de los espacios propuestos; debido a la gran dimensión de
esta instalación, hacer foco en su totalidad resultaría confuso. Así también se
podría plantear la posibilidad de luego “recrear” uno de los espacios elegidos
por los chicos en el jardín, realizando su propia instalación.




Mechi, me encantó leer este artículo. En todo momento me generó la incertidumbre de qué iba a suceder cada vez que pasabas a otro cuarto o subías una escalera. Las fotos me resultaron enriquecedoras para el artículo, ya que me permitió sentir que estaba recorriendo la obra con vos.
ResponderEliminarMe encanta tu forma de relatar tus experiencias!! Besos!