domingo, 5 de junio de 2016

"La menesunda"

La obra de Marta Minujín que se encuentra en el Museo de Arte Moderno es una reconstrucción de aquella que se realizó en 1965 en el Centro de Artes Visuales del Instituto Torcuato Di Tella. Su título significa “situación difícil o embarazosa”. La idea central de esta obra es provocar diversos estímulos, confrontando, incomodando y sorprendiendo a sus espectadores.

“La Menesunda” propone un recorrido por diversos salones, cada uno con una propuesta diferente que interpela al espectador de inicio a fin, a través de sus sentidos. Tiene un solo recorrido ya armado previamente que se debe respetar, y a lo largo de este no solo se pueden encontrar objetos e instalaciones sino que también cuenta con la participación de personajes.


La experiencia de “La Menesunda” comienza atravesando una puerta cuya entrada consiste de una silueta humana, luego se continúa subiendo unas escaleras hacia un cuarto donde se encuentran televisores adheridos a la pared. En algunos de ellos se observa un recorte de algún programa televisivo o una suerte de “interferencia”, todo en blanco y negro. Al llegar a ese espacio instintivamente me acerco a los aparatos esperando algo, sin saber qué. Para mi sorpresa nada extraordinario sucede y continúo con el recorrido. En contraste con la penumbra del cuarto anterior, bajo por unas escaleras y llego a un cuarto donde se encuentra una pareja conversando en su cama. Del cuarto me dirijo a un pasillo lleno de luces de colores, en cada una de sus superficies, formando diversos garabatos. En un principio casi automáticamente cierro los ojos y retrocedo un poco ante tanta claridad, necesitando unos segundos para lograr acostumbrarme.  Luego miro hacia las paredes y el techo buscando alguna imagen reconocible pero no encuentro ninguna. Vuelvo a subir por las mismas escaleras y me dirijo hacia unas nuevas llena de esponjas pegadas en sus paredes. Sigo hacia un salón donde diversos objetos de belleza se encuentran adheridos a todas las paredes dando la sensación de estar dentro de un “salón de belleza”. En este salón se encuentra una señorita y me indica como continuar mi recorrido. Siguiendo sus instrucciones llego a un cilindro cuyo perímetro se encuentra cubierto por tiras de tela, de plástico. Una de las salidas del cilindro conduce a un cuarto en el que cuelgan unas bolsas de color piel con forma de “tripas” o “intestinos” y de fondo se escuchan ruidos similares a cloacas goteando. Para lograr salir es necesario retroceder y volver al cilindro.




















A continuación me dirijo al próximo pasillo, el cual se encuentra cubierto por pedazos de goma espuma en sus paredes y su piso cubierto por una tela dando una sensación de piso “movedizo”. Para salir de ese pasillo hay que pasar por una pequeña puerta que tiene un cartel donde se lee “empuje”. Un poco dubitativa empujo la puerta y me encuentro con una heladera. En realidad lo primero que veo es la puerta de una heladera, miro a mi alrededor y no hay nada más, decido abrir la puerta y a continuación me encuentro en un cuarto impecablemente blanco y frío, una verdadera “heladera”. No hay absolutamente nada, solo la blancura de las paredes, el techo y el repentino frío que todo lo envuelve. De pronto siento que el ambiente es demasiado pequeño y un leve miedo a quedarme encerrada aparece. Rápidamente decido salir y me encuentro con algo inesperado. Un tablero en la pared con números, y un cartel que al leerlo comienzo a sentirme un poco nerviosa. Este explica que para poder salir debo apretar el número correcto y abrir la puerta que se encuentra debajo del tablero al escuchar la chicharra. Mientras tanto de fondo suena una grabación similar a una cuenta regresiva. Instantáneamente empiezo a apretar TODOS los botones, hasta que escucho la chicharra y con un poco de alivio me dirijo al lo que será el último tramo del recorrido. Un cuarto de espejos con ventiladores y papel picado volando por todos lados. Luego de la ansiedad previa, el viento, los papeles y mi cara vista desde muchas perspectivas, me relajo y divierto un poco jugando como una niña.

 En mi experiencia pude vivir esta sensación de “incomodidad” que espera generar la artista. A medida que iba avanzando esa sensación iba aumentando; en un primer momento más relacionada a la ansiedad de no saber qué iba a encontrar y luego intentando absorber o “capturar” la esencia de lo que pasaba a mi alrededor. La experiencia creo yo, logra ser un poco abstracta, pero fue en esas situaciones en las que me pude dar cuenta cuan acostumbrados estamos a encontrarle un significado racional y válido a todo. De alguna manera se generaba en mí un conflicto entre el intento por comprender y el constante estímulo sensorial. En esta gran instalación resulta demasiado complejo encontrar la literalidad y él porque de cada cosa. Para mí fue necesario despegarme de esta idea para disfrutar y dejar que la experiencia fluya. Casi de forma inconsciente mis sentidos permanentemente buscaban un nuevo estímulo o esperaban algo nuevo, encontrándome yo al mismo tiempo en un estado de “alerta”.
Toda la estructura, la forma en que está planteado el recorrido invitan a la exploración, la manipulación y también en determinados espacios al juego. Podría concluir afirmando que verdaderamente fue una experiencia generadora de sensaciones.
Pensando en realizar esta salida con niños de nivel inicial, primero consideraría introducirlos en lo que son las “instalaciones artísticas”, para que ellos al explorar y realizar el recorrido lograran interpretarlo como algo más que un “juego”. Esto se podría lograr a través de actividades sensoriales, ya que lo que plantea la obra es un “gran disparador” sensorial. Debido a que explicar su significado resultaría muy complicado, la mejor forma de preparar a niños pequeños posiblemente sea la de “invitarlos” a vivir esta novedosa experiencia. Quizás resulte conveniente, centrarse en algunos de los espacios propuestos; debido a la gran dimensión de esta instalación, hacer foco en su totalidad resultaría confuso. Así también se podría plantear la posibilidad de luego “recrear” uno de los espacios elegidos por los chicos en el jardín, realizando su propia instalación. 

1 comentario:

  1. Mechi, me encantó leer este artículo. En todo momento me generó la incertidumbre de qué iba a suceder cada vez que pasabas a otro cuarto o subías una escalera. Las fotos me resultaron enriquecedoras para el artículo, ya que me permitió sentir que estaba recorriendo la obra con vos.
    Me encanta tu forma de relatar tus experiencias!! Besos!

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