Después de ver
la video-conferencia del canal encuentro “Los límites, primeros años creciendo
juntos”, pude encontrar respuesta a algunas de mis dudas sobre cómo abordar los
límites con los más chicos. Creo que todos en algún momento nos hemos
preguntado: “¿Entienden cuando les explicamos las cosas? ¿Estaremos siendo muy
estrictos o lo que es peor, muy “malos”?”.
Para poder
comprender esto, en esta oportunidad fue armada una recopilación no solo de
respuestas, información, “metodologías o técnicas” dadas por una serie de
profesionales, sino también se escuchan a padres y docentes, expresando sus
temores, inquietudes y formas de resolver estas situaciones que forman parte de
la cotidianeidad tanto del jardín, como puertas adentro en las casas de cada
familia.
¿Cómo logramos
abordar los límites?
Cómo bien lo
explican los profesionales, el límite no es sinónimo de enojarse. El límite
debe ser claro, ya que ordenará la conducta del niños y le permitirá vivir en
sociedad, y el NO, no debería ser tomado a la ligera, debemos recurrir a él
cuando realmente es necesario, es decir cuando queremos cuidar a los chicos.
Un padre
cuenta: “Por lo general yo soy el malo de la película, soy el que más la reto”.
Este es uno de los muchos comentarios que se escuchan decir a los padres, que
UNO de ellos es el “malo” que solo UNO los reta o pone límites. Pero repensando
algunas de las cuestiones aquí tomadas, sería necesario preguntarnos ¿qué solo
uno lo haga es suficiente?
Es necesario
tener un acuerdo previo, no contradecirse entre adultos, y transmitir un mensaje
claro, evitando modificarlo constantemente ya que los niños no sabrán que se espera de ellos. A su
vez hay que darles un espacio para que ellos tomen decisiones y puedan reflexionar
sobre sus propios actos y buscando soluciones.
Con los más
pequeños podemos encontrar algunas dificultades, ya que ellos por su
constitución y desarrollo son muy curiosos, quieren tocar toco y hacer todo
solos. Pero es importante entender que a pesar de ser tan pequeños de poco
deben comenzar a comprender la importancia de los límites.
El niño pequeño
necesita, como lo explica María Emilia López, mucho desarrollo del gesto
espontáneo, es decir la curiosidad, es por esto que todavía les cuesta
controlar ese impulso de “hacer”, y tiene mucha dificultad para reprimir esos
impulsos. Esta impulsividad no debe confundirse con un “niño que se porta mal”.
Daniel Calmels
explica que una cosa es expresar el malestar y otra es poner un orden, poner el
límite, hay que lograr intervenir de otras formas no solo quejándose, hay que
hacerlo de la forma más humana posible. Hay que considerar que las decisiones
son de los adultos, no hay que enojarse ni perder el equilibrio.
Cuando ponemos
limites a los chicos conviene ser claro y especifico, en lugar de decirles lo
que no deben hacer es mejor decirles lo que si pueden hacer, de este modo anunciamos los límites de forma
positiva.
Explicarles el
por qué de los mismos, jamás atacando su autoestima hay que hacer referencia a
las acciones de los chicos no a ellos mismos. Si ellos sienten que pierden el consentimiento de
los adultos más difícil es modificar su comportamiento.
Para tener en
cuenta:
El límite debe ser necesario, serio, corto,
preciso y sin enojo como así lo explica la Lic. Noemí Beneito
(psicomotricista). No debemos marcar limites si no los podemos sostener.
“No podemos
hablarles a los chicos de cualquier manera, entrar en comunicación con un bebe
es una operación sagrada”. Es ponerse a la altura para que él siente esa comprensión.
A los chicos hay que enseñarles el valor de las palabras y la gran diferencia
que existe entre usarlas o no.
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